Madres en el cine: la desacralización de la maternidad en el siglo XXI x Julie Aiello

Madres en el cine: la desacralización de la maternidad en el siglo XXI

La maternidad es una temática tan cotidiana como compleja y fascinante. Hablar de la maternidad puede ponerse filoso, sobre todo para aquellas que no somos madres o en un contexto como el actual en el que los mandatos que durante siglos no fueron cuestionados comienzan a tener sus bemoles y matices. En este cambio de perspectiva tiene un rol fundamental la cultura y dentro de ella se inscribe el cine.

El cine, y el arte en general, cambia con las épocas. Muchas veces las películas se adelantan a su tiempo y así se presentan revulsivas y desafiantes, pero otras veces solo son un correlato del tiempo que estamos viviendo. Lo que se vive hoy en el séptimo arte occidental puede ser una combinación de ambas variantes: la posibilidad de sacudir a espectadores y espectadoras con relatos de madres a priori incorrectas y también la representación de maternidades que existen pero que durante mucho tiempo fueron invisibilizadas. ¿Por qué? No es fácil mostrar una madre “desamorada”, una mujer que elige su propia vida antes que la de sus hijos o la de aquella que no se siente a gusto con las características de un rol construido por la sociedad y la cultura. A continuación, repasamos algunas películas del siglo XXI que se han animado a plantear maternidades alternativas y que también se han encargado de mostrar aspectos no siempre romantizados de lo que es tener hijos, algo que coincide también con la incrementación de mujeres a cargo de la dirección.

El “destape” de 2021

La hija oscura, dirigida por Maggie Gyllenhaal, probablemente haya sido la película más revolucionaria de 2021 en lo que respecta a la maternidad. Olivia Wilde interpreta a una mujer taciturna que esconde un pasado que vamos conociendo con el correr del film. El abandono y la elección de su deseo por sobre la maternidad pesan en su vida adulta como un yunque imposible de ignorar. Más allá de la historia que nos presenta, lo más interesante de esta película es que no juzga a su protagonista, no hay un punto de vista moral que castigue las decisiones del personaje, sino que los arrepentimientos o el juicio vienen desde otros personajes o de la misma protagonista. La hija oscura abre el juego a pensar en la posibilidad de una madre que no disfruta el 100% del tiempo de serlo, que se encuentra sobrepasada por su rol y las exigencias históricas. Con sutileza, la película muestra la imposibilidad de ella por dar simples demostraciones de amor o incluso atender las necesidades de sus hijas. Así, el film abre el espectro de representación, sitúa a las espectadoras en un espacio de contención porque aquellos sentimientos que durante siglos fueron juzgados como negativos aquí se plantean como reales. 

También en 2021, la directora francesa Céline Sciama presentó el film Petite Maman. Una mujer se encuentra abatida por la muerte de su madre, mientras intenta transitar su duelo también debe contener a su pequeña hija, quien entra en una relación fantástica con su madre cuando tenía su edad. Este planteo abre la posibilidad de pensar a las madres no como seres superpoderosos que todo lo pueden, sino como personas que atraviesan diferentes etapas y sobre todo la empatía que una hija puede tener hacia su madre en un momento de debilidad: lograr verla desde la niñez e igualarla a sí misma. El film de la directora francesa pone sobre la mesa el permiso a la debilidad e incluso a la regresión.

Las madres del cine alternativo

En 2017, el aclamado cineasta Sean Baker estrenó The Florida Project, una película de corte indie norteamericano que nos muestra a una madre joven viviendo en un hotel junto a su hija, luchando contra las peripecias de la vida marginal en Florida. Si bien esta película no pone el foco en la figura de la madre sino de la hija, sí se aborda la complejidad de una maternidad atravesada por la soledad y la falta de dinero. Halley es una madre de 22 años, que evidentemente se ha convertido en madre siendo menor de edad; vive junto a su hija en un motel y se gana la vida vendiendo perfumes pero mientras las deudas presionan decide prostituirse. La niña pasa tiempo sola y ella es juzgada por el resto de los personajes y por la ley por su forma de llevar el dinero al hogar y mantener a su hija y a ella. Las madres mencionadas anteriormente tienen el beneficio de pertenecer a la clase burguesa, donde el dinero no es un problema, aquí Halley además de lidiar con la maternidad siendo apenas una joven debe sostener todo sola, mientras el peso de la ley y la moral amenazan en su espalda.

Finalmente, vale mencionar la impactante película de 2011 Tenemos que hablar de Kevin, obra de la directora Lynne Ramsay, un film en el que Tilda Swinton interpreta a una madre completamente desencajada por la maldad aparentemente inherente de su hijo. Esta película abre muchas puntas de análisis: por un lado, aborda la posibilidad de que una madre y un hijo no tengan una relación de amor, conexión y compresión, abriendo el juego a relativizar lo que se juzga como instinto natural. Kevin es un niño problemático desde su nacimiento y parece engendrar la maldad (algo que se puede ver en films de terror como La profecía) y al comienzo de la película sabemos que está preso por haber cometido un crimen. Las acciones de Kevin repercuten directamente sobre su madre, quien es acechada por la mirada de los vecinos que la juzgan como la responsable directa de haber dado a luz el mal, una especie de Rosemary, quien efectivamente queda embarazada del diablo. Esta es una película perturbadora en muchos aspectos, no solo por el personaje principal del adolescente sino porque expone explícitamente una maldad declarada hacia su madre, algo que el cine también decidió ignorar por mucho tiempo. Plantear la posibilidad de que no exista amor entre madre e hijo, o al menos no desde una construcción tradicional, es definitivamente una osadía necesaria.

Almodóvar y Dolan: la obsesión con las madres

La madre es un aspecto clave de la narrativa de Pedro Almodóvar. Entre mujeres solteras y libres también se cuelan los personajes de madres tradicionales, como sucede en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? o en Volver. Como el aspecto de la tradición tiene un lugar enorme en la filmografía del director, estas madres suelen ser solo eso: madres y limitan su espacio de acción al hogar. Para su film más reciente, el español eligió un cambio de paradigma. Madres paralelas nos muestra dos madres solteras, una cumpliendo su deseo de convertirse en madre y otra aceptando el “destino” de haber quedado embarazada fruto de una violación. Atravesadas por la búsqueda de la identidad, la pérdida y el erotismo, estas dos mujeres se muestran actuales, criando bebés sin un hombre al lado y satisfaciendo su deseo a diferentes edades y condiciones. Ninguna representa la madre perfecta ni tampoco ninguna es esclava de su maternidad, lo cual ofrece otras complejidades y matices en estos personajes más que solo presentarlas como madres. Sin dudas, el más reciente film de Almodóvar demuestra una evolución en cómo representa las maternidades.

Otro director que ha visitado la figura de la madre en casi todas sus películas es el canadiense Xavier Dolan. Desde su ópera prima Yo maté a mi madre hasta su más reciente Matthias y Maxime, las películas incluyen una madre y exhiben la imagen de una madre compleja, muchas veces violenta, algunas veces signada por problemas psiquiátricos, pero siempre en soledad, sin una figura masculina que la acompañe. Posiblemente la más interesante de sus incursiones en la maternidad sea Mommy de 2014, la película que cuenta la historia de una madre soltera que enfrenta la crianza de un adolescente con problemas psicológicos. Esta es una madre hiperrealista, con errores, aciertos, con el peso de una sociedad que juzga sus decisiones y devota de su hijo. 

Desacralizar y desromantizar: un ejercicio necesario

En los filmes mencionados se pone fundamentalmente de manifiesto la pérdida de la individualidad que transitan las mujeres en la vivencia de la maternidad, algo que implica la desacralización de este rol y también la desromantización de la experiencia. Esto no implica una campaña en contra de la maternidad, sino más bien una mirada pegada a la realidad. Esta operación está habilitada en gran parte por la mayor presencia de voces y miradas femeninas en el séptimo arte pero también es un correlato de lo que sucede en las sociedades burguesas: las mujeres comparten los aspectos negativos y aterradores que conlleva ser madre, quitan el velo sagrado a este rol, básicamente lo vuelven más humano y real. Lo que en épocas anteriores se presentaba como incuestionable, en la actualidad se permite la relativización. Así, un cine más pegado a la realidad es también una retroalimentación, un “permiso” para que muchas madres puedan legitimar aquello que a priori se concebía aberrante.