Entrevista a Ana Iliovich: “Desde que fui saliendo de La Perla quise escribir”

Por Marcos Ongini para La Ventolera

IX. No encuentro cómo se sale. Por eso estoy acá, llenando este cuaderno de signos de interrogación. (1)

Ana Iliovich es autora del libro “El silencio. Postales de La Perla” publicado en el año 2017. Es la voz escrita sobre la deshumanización sistemática que le obligaron a vivir/morir durante los años 1976 y 1978 en el campo de concentración La Perla. Es el “pedacito de verdad” que echa luz al terror planificado y ejecutado por el Estado militar sobre el cuerpo social. Es la palabra astillada que sobrevivió al horror absoluto y que sigue sobreviviendo para romper aquel silencio.

Ana nació el 12 de octubre de 1955 en Bell Ville (Córdoba). En 1974, se instaló en Córdoba Capital para estudiar Historia. Formó parte de la generación de jóvenes de los años ’70 que interpretó que la militancia política era una herramienta fundamental para la transformación de la realidad social. El sábado 15 de mayo de 1976, con 20 años, fue secuestrada y llevada al centro clandestino de detención, tortura y extermino La Perla. Escribe: “Allí en ese lugar, en esa calle de Alta Córdoba, frente a esa señora que quiso ayudarme, empezó la muerte. Empezó La Perla”. (2) Esta guarnición militar -dependiente del Tercer Cuerpo del Ejército comandado por el General Luciano B. Menéndez- fue el centro de tortura más grande del interior del país durante la última dictadura. Se estima que pasaron entre 2.500 y 3.000 personas de las cuales sólo sobrevivieron 200. (3) Ana es una de ellas.

En el invierno de 1977, comenzó a salir de La Perla con libertad vigilada. Era llevada cada quince días por los represores a la casa de su familia en Bell Ville. Allí anotó nombres, fechas y todo lo que vio y vivió en un cuaderno Gloria que tras la dictadura entregó a la CONADEP y que luego fue clave como testimonio en el juicio de la megacausa La Perla. (4) En 1979, tras recuperar la libertad plena, viajó a Resistencia (Chaco) y en los últimos días de diciembre de ese año emigró a Lima (Perú) donde ejerció como maestra. En 1983, regresó a la Argentina y se instaló en Tucumán donde cursó sus estudios universitarios y trabajó en atención primaria de la salud y en la alfabetización de adultxs. Unos años después, volvió a Córdoba. Actualmente vive en Villa Allende, donde integró el equipo de Salud Mental del Hospital Municipal “Josefina Prieur”. Trabajó con víctimas de violencia familiar y de género. Fue testigo en dos de los juicios que se realizaron en Córdoba contra los responsables del Terrorismo de Estado, entre ellos, Luciano B. Menéndez, Guillermo Barreiro y Héctor Vergez.

¿Cómo te presentas ante quienes no te conocen y no saben tu historia?

Me gusta presentarme con alguna de mis identidades más fuertes, como hija, madre, compañera, psicóloga, maestra, alfabetizadora y sobreviviente de un campo de concentración. Según los momentos de mi vida se han combinado, priorizado o dejado de lado alguna de ellas.

Pero soy el conjunto de todas y básicamente, una persona a la que la injusticia social la sigue rebelando, indignando y movilizando.

¿Cómo era ser joven y mujer en los años ‘70? ¿Qué similitudes y/o diferencias puedes establecer con la actualidad?

Ser joven y mujer… En los años ‘60 y ‘70 muches pensábamos que la revolución estaba allí, cerquita, a la vuelta de la esquina. Creo que esa profunda certeza nos marcó para siempre. En ese contexto el ser mujer no fue sentido por mí como un obstáculo para la militancia y el compromiso. Claramente ahora vemos con otros ojos muchísimas conductas aún dentro de la militancia que sostenían el patriarcado sin que fuésemos conscientes de ello. Teníamos un discurso donde ya se asomaba el tema de la igualdad y de compartir la vida con los mismos derechos, pero creo que la mirada estaba puesta mucho más en los conflictos sociales y de clase que en aquellas injusticias inherentes al género. Ese proceso crítico tan valioso y necesario es posterior. 

¿Cómo nace la idea de dar testimonio de tu experiencia en un libro? 

Desde que fui saliendo de La Perla quise escribir, la idea de “vivir para contarlo”  me parece que atravesó a casi todes nosotres. Pero pasé muchos años de mi vida atravesada por el dolor de recuerdos insoportables, por la culpa de haber sobrevivido “en medio de tantos muertos” y por el miedo, siempre allí, al acecho. Pasé por un proceso que me recuerda al que vivió Jorge Semprún y relata en su libro La escritura o la vida. Para escribir/hablar sobre lo que me pasó necesité llenar con vida mi vida: trabajar, estudiar, amar, tener mis hijos, hacer militancia social… Sólo después de tanta vida, pude empezar a hablar, testificar, escribir. 

Y vale aclarar que nadie se salva sólo. Hubo amigues maravillosos que estimularon, acompañaron y ayudaron pero sobre todo, hubo un proceso político a partir de 2003 que comenzó con las derogaciones de los indultos y leyes de la impunidad hasta el comienzos de los Juicios de Lesa Humanidad que en lo personal me permitió “salir de la cueva de silencio” en la que aún estaba. Y escribir, encontrar un lenguaje para ese horror, fue durísimo, pero también salvador. A eso se debe el título del libro.

¿Cómo ves el presente? ¿Cuáles son las causas actuales en las cuales pones tu compromiso, tu fuerza y experiencia?

En relación al presente, puedo decir que acompaño sistemáticamente las movilizaciones que se relacionan con los temas de Memoria, Verdad y Justicia y participo en todo encuentro con jóvenes o eventos a los que se me invita. 

Es mi manera de militar en la actualidad, como portadora de una vivencia que comunicar. Sostengo y creo profundamente en la necesidad de los Juicios por razones de Lesa Humanidad y creo que son un orgullo para nuestro país, único en el mundo en hacerlo de esta manera.

En cuanto al presente. He sufrido enormemente el triunfo de Juntos por el Cambio en 2015. Fueron cuatro años de oprobio desde muchísimos puntos de vista y sentí muchas veces (además lo creo) que estábamos gobernados por los mismos intereses que justificaron e impulsaron los golpes militares y el Terrorismo de Estado.

Luego vino la pandemia…y en realidad, todo está por comenzar. Todo es una enorme incertidumbre, pero si algo tengo seguro es que estar del lado de los que sufren, es mi lugar en el mundo.

 

Referencias

  1. Iliovich, A. (2017). El Silencio. Postales de La Perla. 1ra edición.- Villa Allende: Los Ríos Editorial. Pág. 39.
  2. Ibídem, pág. 136
  3. “La Perla fue el centro de tortura más grande interior del país”. Entrevista a Ana Mariani. Recuperado de https://apm.gov.ar/em/la-perla-fue-el-centro-de-tortura-m%C3%A1s-grande-interior-del-pa%C3%ADs-entrevista-ana-mariani
  4. Para más información leer “La lista de Iliovich”, Página/12. Disponible en https://www.pagina12.com.ar/254915-la-lista-de-iliovich