Bolivia: elecciones inciertas

*Por Pedro Brieger para NODAL.

Este 18 de octubre se elegirá un nuevo presidente en Bolivia. En cierto sentido se puede decir que se repiten las elecciones de 2019, cuyo resultado no fue reconocido por la oposición a Evo Morales y culminó con su derrocamiento. La diferencia, sustancial, por cierto, es que ahora son organizadas por un gobierno de facto liderado por Jeanine Añez que asumió el 12 de noviembre, dos días después del golpe que derrocó a Morales.

En el país récord de los golpes de Estado después de poco más de 30 años de procesos electorales regulares y constitucionales, las elecciones se realizarán otra vez con un gobierno de facto plagado de irregularidades, aunque mantuvo la Asamblea Legislativa Plurinacional del gobierno anterior con mayoría del Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales. A pesar que Añez aseguraba que su único objetivo era organizar un proceso electoral “limpio y transparente” y que entregaría el poder “muy pronto”, lo más probable es que salga del palacio presidencial a fines de 2020. En los anales de la historia quedará registrado que estuvo más de un año al frente del país y que realizó reformas sin apoyo parlamentario con el objetivo de desmantelar lo hecho por Evo Morales durante más de 13 años.

El hombre que realizó las más profundas transformaciones en Bolivia no puede ni siquiera regresar a su país. Y en la misma situación están numerosos funcionarios y funcionarias de su gobierno que están exiliados -principalmente en la Argentina-, y siete asilados en la residencia del embajador de México en La Paz. Esto quiere decir que la principal fuerza política del país, el MAS, está en absoluta desventaja frente a este nuevo proceso electoral porque hay un gobierno de facto que ha hostigado y perseguido a sus principales referentes y aterrorizado a sus seguidores. A pesar de esto, y de no contar con ningún medio de comunicación importante que lo apoye, el MAS es la principal fuerza política del país y casi todas las encuestas indican que su candidato Luis “Lucho” Arce obtendrá el primer lugar. La gran pregunta es qué porcentaje obtendrá. Según el sistema político boliviano se necesita superar el 50% o la barrera del 40% y una diferencia de 10 puntos para ganar en primera vuelta. Justamente, lo que motivó la protesta contra Evo Morales hace un año fue que la noche del domingo 20 de octubre la diferencia no llegaba a los 10 puntos y la oposición salió a las calles para proclamar que había segunda vuelta cuando aún faltaba contabilizar una parte del voto rural. En los días posteriores se fueron completando los datos que le permitieron a Morales obtener una diferencia superior a 10 puntos por sobre Carlos Mesa. Pero la oposición no reconoció el resultado y denunció fraude con el aval de la OEA y su secretario general Luis Almagro.

La gran pregunta es qué sucederá el domingo 18 a la noche si a Luis Arce le faltan centésimas para obtener la victoria en primera vuelta y su triunfo dependa de los votos que lleguen de las regiones más alejadas. ¿Aceptarán en esta ocasión un triunfo en primera vuelta del MAS quienes combatieron y derrocaron a Evo Morales? ¿Aceptará el MAS un resultado adverso siendo que ahora manejan el Estado aquellos que denunciaron fraude hace un año y derrocaron a Morales?

Demasiadas preguntas sin respuestas para un escenario muy delicado e incierto.