¿Productividad o barbarie?

Día de Les Docentes

Año 2020.

Año de la cuarentena.

Año en el que les docentes damos clases virtuales.

Es tan vertiginoso este existir: Pandemia.

Dos semanas de clases presenciales. Casi aprendo los nombres de les nueves estudiantes. Luego, únicamente clases mediadas por una pantalla (si es que hay pantalla).

La ficción pedagógica se acrecienta con el correr de los días.

Me he preguntado muchas cosas, me las sigo preguntando: porqué todes callades?

Les docentes, festejamos nuestro día en conmemoración a Sarmiento, hombre nefasto de nuestra historia argentina: segregador por excelencia, defensor acérrimo de la aristocracia e ideólogo de una cultura homogeneizadora y meritócrata.

Resulta que les docentes somos en su mayoría Mujeres. El 80% para ser más exacta.

Resulta que ser docente es un trabajo. La tarea de la enseñanza se ha asociado históricamente a una tarea femenina y de vocación, lejos de la profesionalización y la politización de la alfabetización en todos sus sentidos y formas.

Ser docente en pandemia ha implicado un cambio radical de nuestra actividad.

Decir que “la escuela está en casa” es mentir. La escuela es una institución y la casa (la familia) otra. Envueltes en este sistema patriarcal, las tareas hogareñas y escolares se entremezclan violentamente.

¿Por qué estas responsabilidades recaen mayormente en las mujeres? ¿Por qué nuestras infancias tienen que si o si acreditar una cursada de este año? ¿Qué tanto nos desespera que no haya escuela? Y si es momento para aprender otras cuestiones en este nuevo contexto? ¿Qué es perder el año?

El vacío que deja la ausencia de la institución educativa deja ver el entramado social que ya se venía rompiendo. La mentira de la meritocracia cada vez sale más a la luz cuando hay docentes y estudiantes que carecen de los medios digitales y conectividad para garantizar su asistencia virtual a clases. Imaginemos entonces, su asistencia física, sus desayunos, sus ropas, su cotidianeidad antes de la pandemia… ¿y después de la pandemia?

¿Para cuántas personas la escuela funcionaba como espacio de amparo y abrigo? ¿Para cuantas personas la escuela no era más que una institución opresora en la que no encajarían nunca?

La educación es una acción política y la escuela, por tanto, un campo de disputas y contradicciones.

Existe un sinfín de autoridades sentadas detrás de sus escritorios cómodamente, decidiendo cómo deben enseñar y aprender personas que elles no conocen, de lugares que elles no conocen.

Existen un sinfín de opinólogues diciendo cómo se deben hacer las cosas bien y juzgando un trabajo al que nunca se acercaron.

Existen un montón de colegas docentes lacayes, que están envueltes en una carrera meritócrata en la que también envuelven a les estudiantes.

La hipocresía a la orden del día.

¿Por qué ese afán de hacer como si nada? ¿tanto amamos la rutina? ¿Acaso es la carencia existencial de las personas ante la situación mundial?

La pandemia deja al descubierto muchas situaciones que ya veníamos viviendo.

Me fui lejos.

Quizás.

Sin embargo, les trabajadores docentes, con nuestros miserables sueldos y nuestras condiciones paupérrimas de trabajo seguimos queriendo saber cómo están nuestras infancias, nuestres adolescentes.

¿alguien quiere por favor pensar en les niñes?

Concebir la enseñanza y el aprendizaje sin nuestras cuerpas es irreal.

Nunca una pantalla podrá reemplazar el espacio compartido del aula, con todas las contradicciones que existen. Nunca un zoom o un google meet reemplazarán el recreo y jugar a la pelota.

El vínculo pedagógico esta alimentado fundamentalmente por el amor, la empatía y la presencia. Las cuerpas dicen, las miradas, los gestos. El compartir, el abrazo, el cariño, la escucha.

PD: el 11 de Septiembre de 1973 era asesinado Salvador Allende por la dictadura pinochetista chilena.

“El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse”. Salvador Allende.