¿QUÉ NOS QUEDA DESPUÉS DE STONEWALL?

*Por Alan Ferreyra, Nadia Fabre , Mariangel Santoro y Flor González

El 28 de junio de 1969 cambiaban las reglas de juego: les disidentes que asistían al bar “Stonewall” se levantaron frente a las violencias ejercidas por la policía. Razzias y persecuciones eran moneda corriente en los bares gays de aquel entonces. Aquella noche de junio, fue el inicio de una resistencia que adquirió visibilización en las calles, repercutiendo en todos los rincones de Estados Unidos y el mundo. 

Un año más tarde, este hecho histórico fue conmemorado con la realización de la 1° Marcha del Orgullo y quienes históricamente transitaban la vida social sólo de noche, por primera vez se mostraban orgulloses en las calles de Nueva York a plena luz del día. 

De este lado del meridiano, comenzó la visibilización del colectivo organizado a partir de los años 70. En esta línea, el Frente de Liberación Homosexual tuvo un papel fundamental. Fue fundado en el barrio porteño de Once con el objetivo de organizar la lucha por los derechos de la diversidad sexual, conformado por diversas organizaciones, entre ellas: Nuestro Mundo, Safo, Eros, Bandera Negra, este grupo de intelectuales y trabajadores velaba por acabar con la persecución del Estado y los edictos policiales tan comunes por esos días. La revista Somos, fundada por el FLH, era un medio donde las voces de les oprimides encontraban espacio para denunciar las violencias y desigualdades con las que convivían. 

¿Que nos queda después de Stonewall? A pesar de la legislación existente que garantiza derechos para gran parte de la población lgbtttiq+, como el Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género, la Ley de Educación Sexual Integral, entre otras, fruto de la lucha colectiva, aún hoy convivimos con manifestaciones de odio, violencia, discriminación y opresión hacia nuestras identidades y orientaciones. Expresiones claras de esto son las altas tasas de travesticidios y transfemicidios, la baja expectativa de vida para la población trans-travesti, la exclusión laboral, la patologización de las identidades no binarias y su no reconocimiento por parte del Registro Nacional de las Personas (RENAPER), la falta de acceso a medicamentos por parte de la comunidad seropositivo, la estigmatización hacia las infancias diversas, entre otras.

En nuestro territorio hemos sido testigos de la persecución, criminalización y asesinato, como la expresión más alta de odio, hacia quienes transgreden la normalidad cis-hetero-patriarcal: desde Diana, la Pepa Gaitán, Higui, Marian, hasta el último caso, el de Roberto Monje asesinado en Reconquista, Santa Fe.

Sin ir más lejos, en nuestra ciudad seguimos siendo objeto de burlas, acosos y actos odiantes hacia integrantes del colectivo disidente en la vía pública, en nuestros espacios de trabajo, de estudio, de transitar diario. Nuestros besos siguen bajo la mirada estigmatizante, se condenan nuestras expresiones y corporalidades cuando escapan a las lógicas conservadoras. “Las trans son hombres disfrazados de mujer”, dijo impunamente alguna vez el Obispo Jofré sin recibir ningún tipo de sanción y habilitando a discursos fascistas que van en detrimento de los derechos adquiridos. 

Organizades frente a las violencias, continuamos levantando las banderas de quienes lucharon en Stonewall y en todos los puntos de nuestro continente, de los compañeros del FLH, de Lohana Berkins y Diana Sacayan, de nuestres referentes feministas. De les que dieron su vida por un proyecto colectivo revolucionario.   Mucho se habla por estos días de la “nueva normalidad”. Pues bien, como dijo Jáuregui, el orgullo fue, es y seguirá siendo nuestra respuesta política. Que ardan los clósets, las normas que nos oprimen, los prejuicios y el pakitalismo. Que fuego nos sobra. 

 

Alan Ferreyra – No Binaries Peronistas y Asamblea Abierta No Binarie

Nadia Fabre – Orgulloses LGBTIQNB+

Mariangel Santoro – Orgulloses LGBTIQNB+

Flor González – Mala Junta Poder Feminista

 

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