Menstruar: un hecho político cargado de desigualdad

Este año, cumplimos 5 años. 5 años consecutivos de salir a las calles con la consigna NI UNA MENOS. El 3 de junio se convirtió en Argentina en una fecha muy importante para los feminismos, las mujeres y las diversidades. Salimos a las calles, multitudinariamente. Nos abrazamos y llenamos de brillos. Los carteles y las consignas contra el patriarcado reflejan todo eso que queremos transformar. Tomamos los nombres de todxs lxs que nos faltan por los crímenes de odio y lxs hacemos presentes. Le pedimos al estado que nos escuche, y que transforme tanta militancia en políticas públicas. 

Este 2020, nos sacudió con una pandemia, y nos sacude cada día con un femicidio que nos estruja el corazón y llena de escalofríos y bronca las cuerpas. El 3 de Junio, no fue lo mismo que los 4 años anteriores, pero estuvimos, como siempre.

En Villa Maria realizamos una intervención esa fría mañana, frente a la policía y tribunales, repletos de policías, como cada 3 de junio, eso si no cambio. Nosotrxs con los pañuelos verdes, lilas y naranjas como barbijos. Con olor a alcohol en las manos, y distanciamiento social. Con unas ganas de abrazarnos que se nos salía del cuerpo y se reflejaba en cada mirada cómplice. 

Comunicado, canciones, brillos, seguridad y cuidado colectivo, carteles, estuvieron presentes como siempre, reflejo del trabajo en comisiones que como hace años llevamos adelante desde la asamblea feminista. Nosotras formamos parte de la comisión territorio, “el terri feminista” como se llama nuestro grupo de whatsapp, desde ahí realizamos una colecta de elementos de higiene menstrual, juntamos toallitas, alcohol, jabón, lavandina, protectores, algodón, tampones y hasta copitas, para ser distribuidos en compañerxs que lo necesiten. Los distribuimos en la cárcel,  en comedores, merenderos y en ollas populares. 

Y de eso queremos escribir hoy, después de lo que fue nuestra experiencia en un 3 de junio diferente, queremos escribir de nosotrxs, lxs cuerpxs menstruantes. Desde 2014, el 28 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Higiene Menstrual, efeméride que saca de lo privado e individual de cada cuerpo el hecho de que nuestro útero sangre, porque menstruar, es también un hecho político, es algo que lxs cuerpos menstruantes venimos debatiendo, sacando a la esfera pública, demandando políticas públicas, porque además es un hecho que también refleja la desigualdad. 

¿Es lo mismo menstruar para una mujer cis que para un varón trans? ¿es lo mismo menstruar para unx persona de clase media que para alguien que vive en una situación de vulnerabilidad? claramente en este tema también se cruzan el patriarcado y el capitalismo, como siempre en nuestros cuerpos, convirtiéndolos en territorios de disputas. 

“El cuerpo de mujer, singular, como construcción colectiva y también objeto de la industria autodenominada Cuidado Personal Femenino, que produce toallas y tampones. Bajo la idea de la liberación femenina por medio de la democratización del uso de estos productos se ocultó y perpetuó la carga estigmatizante que aún posee el cuerpo que sangra ante las miradas ajenas”, escribe Eugenia Tarzibachi en el adelanto del libro Cosas de Mujeres, en una nota de revista Anfibia. 

Desde una perspectiva integral de la salud, claro está, la salud menstrual se encuentra  dentro de la salud sexual y reproductiva, pero esto ¿qué significa?. Así como proclamamos la necesaria y efectiva aplicación de la ESI en las escuelas tanto públicas como privadas desde una perspectiva de género y contemplando la diversidad (en todas sus formas), también queremos que esta ESI incluya educación menstrual de calidad, para que, cada cuerpx menstruante, tenga presente conceptos básicos, desde una perspectiva biológica, ginecológica, como así también desde su concepción política, y así quitarle el estigma social que cargamos por el patriarcado les que sangramos, y romper así, el velo del “secreto” que sobre todo tienen nuestras primeras menstruaciones, y ese miedo a mancharnos que cargamos todos los meses. 

Estos conceptos de los que hablamos están enmarcados en derribar el estereotipo de “mujer menstruante”, y que menstruación o la falta de ella indudablemente es vinculada con la maternidad, en este sistema donde el patriarcado y el capitalismo están enlazados, y ahi, nos ven como incubadoras de mano de obra para seguir sosteniendo el sistema. Y ahí, aparecemos nosotrxs pintando todo de verde, y politizando la maternidad, no como una imposición sino como deseo.

Si bien, es un proceso biológico, menstruar no nos hace mujeres, sino más bien nuestra autopercepción hará que el cuerpo menstruante se identifique o no con la categoría mujer. Habilitar el debate desde las infancias y quitar el tabú sobre la menstruación, hará infancias y adolescencias más libres, romper los estereotipos como “que te convertís en señorita” cuando menstruas hará infancias y adolescencias más libres, pensar la salud menstrual desde una perspectiva de derechos No biologicista hará infancias y adolescencias más libres. Y ahí, una vez más, la necesidad de la Educación sexual integral en todos los establecimientos educativos, como derecho de niñxs y adolescentes más libres. 

Esta apertura de visiones acerca de la menstruación también permite una gestión de nuestras menstruaciones, según creemos, desde otro lugar, pensando alternativas amigables con el ambiente, y replanteando aquellas afecciones o dolores que son “naturales” y que, siempre han sido medicalizadas y mercantilizadas, para que nuestros cuerpxs menstruantes de adultxs continúen produciendo y reproduciendo las actividades cotidianas, en la producción y en la reproducción de este sistema.  Pensar cuidados en el capitalismo, es complejo, ya que todo se tiende a patologizar y se medicaliza para, así, tener cuerpos listos para el mercado de trabajo. Sin embargo, invitamos a permitirnos una nueva mirada sobre lo que es menstruar, conectar con nuestras menstruaciones, si es posible darnos el tiempo y el cuidado en esos momentos en el que, nuestro cuerpo fluye y expulsa todo lo vivido durante 28 días. La gestión menstrual que nos han permitido siempre ha tendido a ridiculizar nuestro dolor y hacerlo burla o debilidad, haciendo hincapié en que nuestro “mal humor /malestar” se debe a que “te vino”, “estas en ESOS días” y la realidad es que existen tantas menstruaciones como cuerpos menstruantes y que, muchas veces, el “mal humor” responde más a la violencia constante a la que es sometido nuestro cuerpo por el patriarcado y el machismo, que a un cambio de temperamento debido a los cambios hormonales. Por eso, sostener un discurso que ridiculiza y se burla de los cuerpos menstruantes, por el solo hecho de menstruar, también es VIOLENCIA.

Finalmente queremos agradecer a todas las personas que hicieron posible que este 3 de junio, la asamblea feminista de Villa María y Villa Nueva, pudiera acercar productos de higiene y gestión menstrual (en su mayoría descartables) a distintos espacios territoriales. Entendemos que si bien, la lucha feminista es amplia y diversa, la menstruación es política, poder gestionar nuestras menstruaciones dignamente también lo es, ojalá, más temprano que tarde, gracias a nuestras luchas, sea menstruar un acto político cargado de derechos reflejados en políticas públicas de estado. Porque históricamente fue, y es, un hecho político cargado de desigualdad.

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