Vidas que sí importan

*Por Juliana Rodríguez y Daiana Monti

En las últimas semanas en Villa María asesinaron a dos jóvenes varones. A partir de esta brutalidad y, pensando en su (in)visibilización, decidimos escribir algunos pensamientos y reflexiones.

Somos dos amigas y compañeras, jóvenes y mujeres, que hace algunos años venimos trabajando con pibes y pibas de barrios populares. Desde este lugar, luego de recorrer y compartir diversos espacios con ellxs y sus familias, nos animamos a escribir.

Nos animamos a escribir con dolor y con profundo respeto por las familias de Rubén y de Alexander.

Nos animamos a escribir y a preguntarnos sobre estas muertes que parecen no incomodar ni interrumpir la “normalidad” (en cuarentena) de nuestra ciudad.

Nos animamos a escribir preguntándonos por las muertes de éstos jóvenes.

Nos atrevemos a dudar de las maneras en que sus vidas se cuentan en los medios de comunicación hegemónicos de la ciudad. Cuestionamos la forma en que se abordan estas situaciones, la información que se publica y las fuentes que se consultan.

Estas formas de contar vidas y muertes están atravesadas por sesgos y discriminaciones basadas en prejuicios de clases sociales racializadas, de género y etarias.

Estas maneras de construir “jóvenes-problema” asociadas al sensacionalismo, causan impacto mediático, producen miradas estigmatizantes y acusatorias, para luego caer en el olvido.

Se ignoran sus historias de vida. No sabemos qué les gusta, de qué equipo de fútbol son o cómo se llaman sus amigos. Estas maneras de construir tampoco profundizan en los problemas sociales que son el trasfondo de los hechos. Se invisibilizan las desigualdades que atraviesan las vidas de estos jóvenes y sus socializaciones.

Estas formas de construir “jóvenes problemas” muestran hechos aislados y descontextualizados. Se escribe (des)información sobre datos personales, sobre la intimidad personal-barrial, pero, poco dicen sobre las exposiciones a las redes de comercialización ilegal, de zonas liberadas, de la venta y tenencia de armas, de los abusos en los allanamientos policiales, de la cantidad de personas privadas de su libertad a raíz del narcomenudeo, de las y los adultos implicados en estos negocios que realmente se benefician.

Estas maneras de construir “jóvenes-problema” tampoco problematizan la inseguridad vinculada a las condiciones de deterioro de las economías domésticas. En el contexto de pandemia las changas se frenaron, no alcanzan los sueldos de empleos informales, en negro, mal pagos. Tampoco alcanzan los planes y programas (que jamás le ganan a la inflación) o los créditos para financiar incansablemente el consumo de lxs asalariadxs.

En definitiva, poco dicen estas formas de escribir noticias y de contar vidas de jóvenes de clases populares sobre las oportunidades reales que tienen para vivir en condiciones dignas y en sociedades respetuosas de sus derechos con Estados que velen por ellxs.

Por todo el dolor que nos producen las muertes de Rubén y Alexander y, por este rechazo a las construcciones estigmatizantes sobre sus asesinatos, escritas por los medios de comunicación hegemónicos de nuestra ciudad, pensamos estas líneas.

Pero también, nos animamos a cuestionar estas situaciones, porque estamos convencidas de que, parafraseando a Paulo Freire, que las cosas estén así, no quiere decir que deban seguir así. Podemos transformarlas. Creemos que el punto de partida es recuperar las historias de estos jóvenes, es no callar ni sucumbir a las miradas estigmatizantes y clasistas dominantes, es resistir a la invisibilidad de estas muertes injustas. Es luchar por una sociedad más igualitaria por y con las pibas y los pibes que hoy sí están.

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