Una máquina de hacer y difundir ideas: la imprenta del PRT-ERP en Córdoba

Por Marcos Ongini

La tarde del domingo 23 de febrero después de una reunión con lxs compañerxs Selene y Martín pasamos a conocer lo que fue la mayor imprenta clandestina del PRT-ERP ubicada en Fructuoso Rivera 1035 del barrio Observatorio de Córdoba Capital; a pocas cuadras de la casa de Martín. Tuvimos la dicha de que se encontrara en ese momento Carlos “el Vasco” Orzaocoa, quien nos permitió ingresar para contarnos en primera persona lo sucedido allí.

En esta casa estilo Art nouveau de los años ´30, conocida popularmente como casa chorizo, funcionó desde 1974 a 1976 lo que fuera la imprenta clandestina más importante del país en combatir a la última dictadura, perteneciente al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y a su brazo militar Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Instalada en un subsuelo de 8 m de profundidad por 17 m de largo y 4 m de ancho, construida por militantes de la organización conjuntamente con tupamaros uruguayos[1] y mineros potosinos del Cerro Rico, imprimía entre 70 y 120 mil ejemplares mensuales de los periódicos “El Combatiente” y “Estrella Roja”, junto a libros de historia, economía, poesía y material del pensamiento revolucionario. Contaba con dos impresoras Cabrenta, dos Rotaprints, laboratorio de fotocomposición y una guillotina Krausse, equipamiento altamente sofisticado para la época. Abastecía a Córdoba y a todo el norte argentino.

Habitantes simuladorxs y subterránexs

La casa-imprenta se encontraba habitada por Victoria “la Gorda” Abdonur y Héctor “el Negro” Martínez junto a sus tres hijxs: Walter, Laura y César. Ante lxs vecinxs del barrio simulaban ser una familia tipo cuya casa de su propiedad contaba con un taller de herrería en el fondo del patio. “Héctor había sido empleado en la Fiat. Lo habían despedido  en las huelgas del ´72, tenía una camioneta Ford F100. Ese vehículo fue clave en la construcción”. En su caja cubierta “cada atardecer trasladaban la tierra que iban socavando y la tiraban en el río (Suquía), en las nacientes de La Cañada, que queda cerca. Ahí también traía a los trabajadores que se quedaban seis días a la semana en la casa a lo largo de un año, viajaban vendados para que no supieran la ubicación exacta”. Mientras que Victoria “era reconocida en el barrio como una ama de casa dedicada a las tareas del cuidado de su familia. Salía con frecuencia a barrer la vereda, a conversar con las vecinas, a hacer las compras, a la peluquería”, nos cuenta “el Vasco”.

Lxs encargadxs de la imprenta eran Miguel Ángel “el Picante” Barberis y Matilde “la Negra” Sánchez, quienes trabajaban jornada completa en el subterráneo entre el amor y la clandestinidad. Orzaocoa recuerda “Cuando arrancamos con las máquinas hubo un técnico que le dio instrucción al “Picante” para que manejara las máquinas. Era un pibe muy gracioso, muy ocurrente, por eso lo de Picante. Rubito, ojos claros, 19 años. Era muy responsable y hacía muy bien su trabajo. Tenía que mantener el secreto a rajatabla. No se lo podía contar ni a su sombra. Pero andaba tristón. Una noche subió a cenar, y nos dijo que se sentía muy solo. Que necesitaba tener una novia. ¿Ma’ qué novia si estás en una imprenta clandestina? La organización era muy estricta, no se podía correr riesgos, vivir la militancia en esos tiempos no era fácil, era cuestión de vida o muerte pero vos sabés que la gente se enamora y no hay caso. El tipo era tan correcto también. Un pibe muy formado, muy lector. Clásicos; marxismo; Mariátegui; los textos del Che… El sabía que a partir de su tarea no podía ni ir al cine, ni a un acto político, y mucho menos a una de las peñas folclóricas donde íbamos los demás que teníamos trabajos afuera. Militancia de superficie. Así que ante el planteo de que necesitaba novia, hubo una reunión y se le dio un trabajo de enlace con una compañera para que, una vez cada quince días, se reunieran a analizar las editoriales de las revistas. Ahí fue cuando apareció Matilde Sánchez. (…) Se había enamorado con sólo verla. Matilde era una morocha alta, una morocha argentina de ésas imponentes. Andaba en una nube. Aunque parezca mentira, muchos de nosotros no habíamos hecho el amor hasta pasados los veinte años”.[2]

El Golpe final

El 10 de julio de 1976 alguien le avisó a Victoria que la casa había sido “cantada”, dos días después la imprenta fue allanada por el  Grupo de Artillería Aerotransportada 4 del Tercer Cuerpo del Ejército a cargo del teniente coronel Carlos Alfredo Carpani Costa. Todxs lxs habitantes lograron escapar. Días después, el 19 de julio, caía la conducción del PRT-ERP en Villa Martelli, provincia de Buenos Aires, y eran asesinadxs y desaparecidxs  Mario Roberto Santucho, Liliana Delfino, Benito Urteaga y Ana María Lanzilotto  por un grupo de tareas a cargo del capitán del Ejército Juan Carlos Leonetti.

El 22 de mayo de 1977 en Moreno, provincia de Buenos Aires, asesinaron a Héctor, y se llevaron aún viva a Victoria que para evitar que se robaran o mataran a lxs chicxs, salió envuelta en una sábana blanca a modo de rendición, y se entregó. Walter recuerda que su mamá, aún cuando le pusieron un arma en la cabeza, le repetía la dirección de su hermana Maruca, “la tía Maruca” en Córdoba.  La misma “patota” secuestró a Miguel Ángel y a Matilde. Todxs fueron detenidxs en Campo de Mayo, aún permanecen desaparecidxs. Héctor tenía 39 años, Victoria 40, Miguel Ángel 21 y Matilde 27.

La casa operativa del PRT-ERP de barrio Observatorio, por la que alguna vez pasara Vicky Walsh, la hija desaparecida de Rodolfo, fue convertida en una “ratonera” durante los meses posteriores al allanamiento, es decir en un centro clandestino de detención y tortura transitorio. En 1979, el juez Federal Miguel Puga[3] otorgó el inmueble a un empleado de Tribunales llamado Héctor Varela, cuyos familiares vivieron hasta 2019, falsificando una escritura a nombre de una mujer fallecida en 1973.

Abrir las puertas de la Memoria al pueblo

Tras 15 años de reclamos y litigios judiciales, cuyo abogado al frente de las negociaciones es el mismo “Vasco” Orzaocoa, la casa vuelve a sus verdaderos herederos: lxs hijxs de Héctor y Victoria, y con ellxs se reabre la puerta de la casa-imprenta al pueblo para convertirse en un futuro próximo en Espacio de la Memoria. Llevará el mismo nombre que en aquellos años ‘70: Imprenta del Pueblo “Roberto Matthews”, en referencia al joven militante “Carlitos”, que fue asesinado mientras repartía revistas de la organización a principios de 1975. “Lo convertiremos en un Centro Cultural, un Centro de la Memoria, donde el pueblo de Córdoba pueda ver un lugar que durante la dictadura militar sirvió de imprenta clandestina, donde compañerxs quisieron allí dar la lucha de ideas porque era un imprenta para imprimir periódicos, libros sobre historia y economía argentina. Lo que no se podía hacer legalmente porque la dictadura militar lo impedía, allí se trató de hacer clandestinamente para que la batalla de ideas se mantuviera. Entendemos que tiene que ser una casa de puertas abiertas para todo aquel que quiera refrescar un poco la memoria”, le cuenta Orzaocoa a La Tinta.[4]

 

Es la tardecita del domingo 23 de febrero, en la ciudad de Córdoba hay un viento suave y cálido del norte que mueve las hojas de la higuera del fondo del patio y los cabellos del “Vasco”, blanqueados por la lucha y el tiempo. Martín le comenta que es hijo de desaparecido. Su padre Daniel Martín Angerosa era médico[5] y fue secuestrado en Plaza de las Banderas en Santa Fe, el 17 de febrero de 1976. Miro a Selene que escucha sensiblemente y me sonríe, miro las paredes despintadas buscando que me digan algo más sobre todo aquello, me pasó lo mismo en Campo de La Ribera, en La Perla y en la ESMA. Miro la parra que trepa al altillo vieja y romántica por una columna. Miro las estrellas rojas pintadas en la puerta de una habitación que fue usada como sala de tortura. Miro el cielo, pienso en que es la hora justa en la que hace 43 años los militantes del PRT-ERP sacaban las bolsas de tierra en la Ford 100 amarilla de Héctor para llevarlas al Suquía. Siento que nada de esto es casual porque pocas horas antes, entre mates y criollos, estuvimos en casa de Martín leyendo el dossier pedagógico que reconstruye la vida y militancia de los desaparecidos leonenses Osvaldo Ravasi y Silvio Olmedo, con el objetivo de presentarlo en la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación para que pueda ser declarado de interés histórico-cultural. Nada es casualidad porque la lucha aquella y esta nos hermana, a lxs viejxs y a lxs nuevxs, en una única voz colectiva y diversa  que demanda un mundo con mayor justicia social, amor y libertad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias

[1] El 6 de septiembre de 1971, se fugaron, por un túnel socavado de 44 metros, 106 presos políticos pertenecientes al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros y 5 presos comunes del Penal de Punta Carretas de Uruguay. Entre ellos se encontraba José “Pepe” Mujica.

[2]  Extraído de “Días y noches de amor y de imprenta” publicado en Página/12 el 23 de febrero de 2020. Recuperado el 26 de febrero de 2020 de https://www.pagina12.com.ar/249069-dias-y-noches-de-amor-y-de-imprenta

[3] El ex juez Puga fue juzgado y condenado en el llamado “Juicio a los magistrados” en noviembre de 2017 por los fusilamientos de 31 presxs políticxs a cargo del Poder Ejecutivo Nacional en la UP1, la Cárcel de Barrio San Martín, en 1976.

[4] Extraído de “La imprenta clandestina del PRT-ERP vuelve al pueblo cordobés” publicado en La Tinta el 27 de septiembre de 2017. Recuperado el 26 de febrero de 2020 de https://latinta.com.ar/2017/09/imprenta-clandestina-cordoba-prt-erp/

[5] Daniel terminó la carrera de Medicina y tramitó su diploma a comienzos de 1976. Nunca lo pudo retirar ya que fue detenido-desaparecido en febrero de ese año. El 25 de marzo de 2015, el rector de la UNC, Francisco Tamarit, le entregó el título a su hijo, Martín.

 

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