Resistimos cuatro años

¡Y vaya que resistimos! Resistimos a un gobierno que básicamente se nos cagó de risa en la cara, ¿y por qué decimos esto? Porque resistimos al gobierno que prometió pobreza 0 (hasta el fin de sus días) y terminó su mandato con emergencia alimentaria. Resistimos al gobierno que, incluso en su última conferencia de prensa se mostró como el garante de derechos laborales y generador de empleo. Cuando vos, yo y todxs, tenemos más de un amigx, familiar o conocidx que perdió su trabajo en el macrismo. Cuando vos o yo lo perdimos. Ni hablemos de lo pisoteados que quedaron nuestros salarios; ni del abultado incremento del índice de pobreza.

Resistimos a un Mauricio Macri que llegó diciendo que la inflación sería un problema sencillo de revertir, y se va con un índice inflacionario cercano al 60 %. Resistimos a un gobierno que hasta se metió con lxs más viejxs, y que por firme decisión política lxs dejó sin medicamentos, sin salarios dignos, sin posibilidades de comer. Resistimos a un gobierno que hasta vulneró los derechos de lxs trabajadorxs accidentadxs y que, incluso, vulneró los derechos de las familias de trabajadorxs que perdieron su vida en sus puestos de trabajo. Tuvimos que enfrentarnos al gobierno de los Decretos de Necesidad y Urgencia, esos que fueron urgentes para el mercado y para garantizar la riqueza de sus amigxs empresarixs. Resistimos al gobierno que se arrodilló ante el FMI, dejándole al pueblo, al país, una crisis socioeconómica y un profundo endeudamiento, que ahora…. Ahora, adivinen ¿a quienes les tocará revertir? A nosotrxs, claro está. A lxs que inventamos mil trincheras de resistencia y formas de organización para sobrellevar la cotidianeidad de nuestras vidas. 

No paramos de exigir, gritar y reclamar por la emergencia en violencia de género, una cuestión más en la cual el macrismo optó por desentenderse y no escuchar. No nos cansamos de gritar que las mujeres y disidencias queremos vivir librxs, sin miedo, desendeudadxs y con trabajo; al macrismo no le interesó.

Al macrismo nunca le interesaron los derechos humanos.

Celebremos. No dejemos de celebrar, porque también tuvimos que resistir a un gobierno que deslegitimó y vació de recursos a la educación pública, en todos sus niveles. Un gobierno que consideró que el fomento a la ciencia y tecnología no eran necesarios, y mucho peor, también se encargó de vaciar estas áreas. Resistimos, también, a los grandes medios de (des)información, que montando un circo de estigmatizaciones y persecución a quienes piensan distinto, avalaron las atrocidades de la política del gobierno macrista.

El pueblo argentino debió resistir con su propio cuerpo a las balas de goma y los gases lacrimógenos de un gobierno que no se cansó de fomentar la violencia institucional y la represión. Resistimos a un gobierno que deja su mandato llevándose en los bolsillos de sus trajes la información acerca de lxs desaparecidxs y muertxs en democracia. Resistimos a un gobierno en el cual los índices represivos y de violencia se equipararon con los de la época dictatorial.

Pero para que contar todas las desgracias que nos hizo pasar el macrismo, si lo vivimos cada unx desde nuestras casas, lugares de trabajo. Al macrismo lo sufrió la cultura, lo comunitario. Pero claro que lo decimos, lo diremos y es importante repetirlo… para que la memoria colectiva se encienda y no apague su fuego, para que nunca más un gobierno neoliberal se intente quedar con nuestro andar.

Ahora basta de hablar.

Y volvamos a practicar las mil maneras de abrazar… ¡por fin triunfó la lucha popular!

A Macri y al “mejor equipo de los últimos años”, les decimos que nunca jamás lxs vamos a extrañar y que se sientan responsables por cada derecho pisoteado, por desarticular el rol del Estado. Pero también les decimos, por si aún no lo notaron, que hay algo que jamás nos van a quitar: las ganas de organizarnos para transformar todo lo que sea necesario transformar, para garantizar nuestras condiciones de vida siempre que llegue un gato con bigote (hoy es Macri, mañana no sabemos) que nos quiera arrebatar las ganas de soñar.

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