Una Historia de perros: De Becerrillo al Negro Matapacos

Por Marcos Ongini

En el segundo viaje de Colón en 1493, los españoles trajeron consigo 20 perros, entre ellos mastines, lebreles (galgos), alanos, podencos y sabuesos, adiestrados para la caza de jabalíes, siervos y toros bravos. Fueron sumados a las filas del ejército conquistador para matar y amedrentar indios rebeldes. El aperreamiento se trató de un método sistemático de persecución y tortura con el objetivo de reducir al mínimo la resistencia originaria, utilizado como escarmiento para infundir el terror psicológico entre las comunidades. El conquistador Bernardo Vargas de Machuca sostenía “Mucho teme el indio el caballo y el arcabuz, pero más teme al perro, que en oyendo el ladrido, queda totalmente aterrorizado y desconcertado.” El mismo Colón recalcaba su potencial beligerante: “muy gran guerra haze acá un perro, tanto que se tiene apresçio su compañía como diez hombres, y tenemos d´ellos gran necesidad”.

Manuscrito del Aperreamiento, 1560. Ejecución de un sacerdote y seis nobles en Cholula por el ejército de Hernán Cortés (Biblioteca Nacional de Francia).

En la historia de los perros de la Conquista se destaca Becerrillo, perteneciente a Vasco Núñez de Balboa. Este alano español recibía sueldo de oficial y doble ración diaria de comida por su extrema ferocidad. Uno de los momentos más crueles fue la batalla de Cholula contra los mexicas llevada a cabo por Hernán Cortés, en 1519. La crónica del religioso Bartolomé De las Casas relata cómo fueron aperreados un sacerdote y seis caciques cholultecas: “Y yo vi que los españoles les echaban perros a los indios para que los hiciesen pedazos, y los vi así aperrear a muy muchos (…) perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor arremetían a él y lo comían que si fuera un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y carnecerías”, que quedara registrada en el famoso Manuscrito del Aperreamiento del año 1560, donde se observa la figura de Marina o Malinche.

A partir de 1541, el rey Carlos V sancionó una real cédula que prohibía la existencia de “perros carniceros” ya que se habían reproducido de forma descontrolada y se alimentaban del ganado y animales de caza, muchos fueron sacrificados y otros tantos domesticados por los originarios. Pasaron de ser armas de guerra de los dominadores a material de descarte y así aliados de los dominados.

Grabado “Balboa echa a varios indios culpables del terrible pecado de la sodomía a los perros, para que éstos los dilacerasen”. Taller de Bry en la Lámina XXII de la Americae Pars Quarta (Frankfurt am Main, 1594)

El proceso de sometimiento y represión contra los pueblos latinoamericanos no ha cesado, la Nueva Derecha –neoliberal y neoconservadora- deja en los márgenes del sistema y sin oportunidades dignas de vida a miles de millones de personas. La lucha por la demanda de garantías de derechos fundamentales, por la paz y la democracia colman las calles contra los gobiernos en Chile, Ecuador, Haití y hoy Bolivia. Las fuerzas de seguridad aplican nuevas formas represivas y de amedrentamiento como la mutilación de los ojos de los/as/es manifestantes, sin embargo, los perros de la calle, esos que viven en los márgenes también, que son precarizados por los humanos, hoy están de nuestro lado. El Negro Matapacos, que acompañó en primera fila las luchas estudiantiles de 2011 en Chile, es símbolo de nobleza, resistencia y libertad. Una joven chilena sostiene que fue un/a/e estudiante reencarnado/a/e que vivió entre la Universidad y la calle. Así lo recuerda el poema:

El Negro Matapacos

está meando desde el cielo

sobre los cascos milicos,

apagando bombas de gas.

Ladra con Lukánikos

cuando suena el toque de queda.

Juntos muerden

el ruedo de la noche,

le agujerean

y con sus colmillos inventan

estrellas nuevas.

Las manos de los estudiantes

recuerdan el pelo

del Negro Matapacos,

las manos carabineras

no conocerán jamás

su suavidad inquieta.

Somos

en cierta manera,

todos,

perros abandonados

que se rebelan;

estamos más cerca de vos,

que lo que estamos de los gobiernos.

En el asfalto de Santiago,

en cada calle chilena,

son tus huellas,

Matapacos,

las que nos marcan el paso,

perros abandonados

que se rebelan.

Poema publicado por Edgardo Zouza

 

 

Citas extraídas de:

Bueno Jiménez, Alfredo. Los perros de la Conquista de América: Historia e iconografía

Grodsinsky, Sergio. Los perros en el Descubrimiento y Conquista de América

*La imagen de portada fue extraída de https://latinamericanpost.com/es/30784-monumento-al-negro-matapacos-en-santiago-de-chile

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