No estamos en guerra

Por Fernando Mena * publicado en Eduvim 

Hoy, 21 de Octubre del año 2019, escribo esto mientras escucho helicópteros militares sobre nuestras cabezas, pero desde donde se oye aún más fuerte las cacerolas y cantos de la gente manifestándose, gente que se agotó luego de treinta años de abuso sistematizado.

“Nos quitaron todo, hasta el miedo” dicen las pancartas que vi en la calle hace un rato, en una marcha junto a familias, niños, trabajadores, estudiantes y con ese fervor de sentir que recuperar la dignidad es cosa de ahora o nunca. Y entonces aparece la policía y luego los militares armados, golpeando y disparando a matar, como si retrocediéramos a los tiempos más oscuros de nuestra historia. Situación que jamás pensamos vivir, eso de lo que hablaron nuestros padres y que vuelve a exponer toda la herida aún abierta de este país sin justicia. Estos días son como de otro tiempo, uno que creímos lejano, que vimos en blanco y negro tras una pantalla y que creíamos haber superado. Este atentado a la democracia, treinta años después de supuestamente haber terminado con la dictadura, no se olvidará jamás. Se recordará como el día que el gobierno dictatorialmente, al igual que como el tirano en los ochentas, decretó toques de queda y sacó los militares a la calle para sembrar espanto y violencia. Parapetarnos en nuestras casas en el terror de salir a manifestarte, para que no te apunten con un fusil, que no te maten o que no te hagan desaparecer. Hoy en Chile volvieron los militares, los desaparecidos siguen desaparecidos.

Abunda entonces el miedo, un miedo heredado de esa chilenidad herida tras 17 años de tiranía. Pero ahora son las nuevas generaciones las que despertaron a un pueblo asustado y sumiso, son estos jóvenes que no tienen miedo alguno y han contagiado al país. Ellas y ellos comenzaron hace unos días, a modo de protesta, evadiendo el pasaje de uno de los servicios de transporte más caros del mundo, tras una nueva alza que el bolsillo del pobre, que con un sueldo miserable (de los más bajos del mundo en relación al costo de vida), ya no resistía. Sacudieron las conciencias de quienes estábamos paralizados, adormecidos y resignados ante esta macabra economía, ante esta desigualdad abismal.

Este gobierno, sus antecesores y gran parte de la clase política, nada han hecho por cambiar una constitución política decretada en tiempos de terror, cuando no había democracia alguna. Y hoy, cuando pudiendo escuchar las demandas justas que el pueblo de Chile exige, el gobierno lo soluciona estableciendo de lleno un estado de emergencia para militarizar las calles y criminalizar el movimiento. Pero ojo, que ese cuento ya lo conocemos de sobra. Parte siempre con el terror, dándole tribuna mediática al lumpen que se aprovecha del caos, saquea, destruye y busca en el robo de algo material el beneficio instantáneo. Esa parte de Chile que es consecuencia del mismo sistema, que vive para salvar el día, que descarga su rabia por ser lo que sobra de todo este modelo. Los medios de comunicación cubren los saqueos las 24 horas y lo transforman en el pretexto perfecto para salir del tema de fondo, desvirtuarlo, sembrar el miedo en la gente, y así el gobierno aprovechar de llenar de milicos las calles. Esa conocida doctrina que va por fases, y hoy tocaba la cual la gente hacía filas en los supermercados y almacenes para abastecerse de comida ante un posible “desabastecimiento producto del caos”. Luego vendrá más represión y más muerte, para que el gobierno y la milicia en nombre del “orden público” queden como salvadores. Pero gran parte de chilenas y chilenos ya no les creemos, ya conocemos la historia.

“Estamos en guerra” decía Piñera el día de ayer en cadena nacional y seguido a esto pedía que tuviésemos hoy, un día tranquilas y tranquilos. Sí, así de delirante. ¡¿Cuál guerra?! Nos preguntamos. Y es que NO ESTAMOS EN GUERRA alguna, sólo buscamos la dignidad que merece el pisoteado pueblo chileno de una vez por todas.

*Fernando Mena (Chile, 1984) es actor de teatro y cine, dramaturgo, director teatral y escritor. Como actor destaca su participación en las películas Fiesta Falsa y Andrés Lee i Escribe. Es director artístico de la compañía Teatro Virgen de Valparaíso y autor de las obras Pato Yáñez o el gesto nacional (2010), Trilogía del miedo en Chile (2010), 21/12 (2011), Alzheimer (2013), Amanda (2014, ganadora del concurso nacional “Dramaturgia del exilio” del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile), 15 años después (2015, adaptada al cine en 2018), Enemigo (2016), Negros (2017), entre otras. Es Licenciado en Artes Escénicas y Máster en Práctica Escénica y Cultura Visual de la Universidad Castilla-La Mancha y Museo Reina Sofía, Madrid. Con tres ediciones en su país, Hogar es su primera novela.

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