Soberanía alimentaria, ¿utopía o necesidad?

Por Marcos Celis para La Ventolera

La Licenciada en Nutrición Miryam Kurganoff de Gorban, pionera en la introducción del concepto de soberanía alimentaria en el país y referente a nivel latinoamericano, con 87 años y la ayuda de su bastón no ha parado de recorrer de punta a punta el país en la lucha por la soberanía alimentaria. También es coordinadora de la Red CALISA (Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria) desde su nacimiento en el año 2013. La semana pasada estuvo en Villa María, tuvimos la suerte de entrevistarla y conversar con ella para pensar acerca de la soberanía alimentaria, la agroecología y las consecuencias del sistema agroalimentario actual, pudiendo elaborar las siguientes reflexiones:

SOBERANIA ALIMENTARIA.

El concepto de soberanía alimentaria irrumpe en el debate público en el contexto de la Cumbre Mundial de Alimentación de 1996 en Roma, que desarrollaba FAO (Agencia de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Argentina integra FAO desde el 21/11/1951). Quién lo introduce es Vía Campesina, un movimiento internacional que coordina organizaciones de campesinxs, pequeños y medianos productores, mujeres rurales, comunidades indígenas, trabajadores agrícolas emigrantes, jóvenes y jornalerxs sin tierra. Aquí se nuclean 182 organizaciones, con más de 2.000.000 de personas provenientes de 81 países (entre los cuales se encuentra Argentina, a través de APENOC, CAI, MOCASE y MINCI).

Miryam Gorban en la UNVM.

En contraposición al concepto vigente de seguridad alimentaria (que hace hincapié en garantizar la disponibilidad y acceso a los alimentos a la población mundial), Vía Campesina comienza a hablar del “derecho de los pueblos a definir libremente sus propias, políticas, prácticas y estrategias de producción, distribución y consumo de alimentos”. En otras palabras, se reivindica el derecho de las comunidades a decidir sobre su alimentación, ya no se queda solamente en garantizar la disponibilidad y el acceso a los alimentos, sino que da un paso más y empieza a cuestionarse “quién, cómo y para quién se producen los alimentos”.

Este concepto se ha ido enriqueciendo con el paso de los años y se encuentra en constante construcción política. Se puede afirmar que la soberanía alimentaria se ha constituído en el paradigma alternativo al modelo agroalimentario hegemónico actual, a través de la agroecología.

AGROECOLOGIA.

Se trata de una agroecología de base familiar, campesina e indígena que rompe los esquemas de distribución hegemónica del supermercadismo y elimina intermediarios acercando productores con consumidores, que entiende al alimento como un derecho humano y no como una mercancía librada a las reglas de la oferta y la demanda, y por último que se rige por la sustentabilidad, entendiendo que la satisfacción de nuestra demanda alimentaria actual no debe poner en riesgo el ejercicio del derecho a la alimentación por parte de generaciones venideras.

Como se puede ver soberanía es un concepto político, entonces cuando se lee o se escucha hablar sobre soberanía alimentaria, hay que tener en cuenta que existe una relación directa con la soberanía económica y política de un país. Es por ello que es tan importante remarcar el rol del Estado en esta lucha.

Mesa por la soberanía alimentaria de Villa María, Córdoba.

El mito de que el aumento en la producción de alimentos por medio de nuevas tecnologías salvaría al mundo del flagelo del hambre, se desmorona día a día:

No se erradicó el hambre con la Revolución Verde de 1960 que luego del I Congreso sobre Alimentación Mundial, el cual diseñó el Plan Ejecutivo Mundial para el Desarrollo Agrícola distribuyendo algunas variedades de cultivos de alto rendimiento.

Tampoco se logró resolver el hambre mundial y mucho menos el acceso a los alimentos por parte de la población con la Revolución Biotecnológica de 1990, que por medio de la biotecnología asociada a la genética llegó a lo que hoy se conoce como OGM (organismo genéticamente modificado) o cultivo transgénico.

Todo esto, por el contrario, profundizó las consecuencias de un sistema agroalimentario que genera desigualdades, contribuyendo a la concentración poder económico, favoreciendo el monopolio de la tierra en manos de transnacionales, permitiendo el fortalecimiento de los formadores de precios, degradando los suelos y generando nuevas plagas que limitarán la capacidad productiva en el futuro.

¿Qué pape les toca a las universidades? No solo como de discusión y debate sino como formador de profesionales.

El papel de las universidades es el de articulador. Acá de lo que se trata es de lo que ustedes consiguieron 100 años atrás, es decir cómo se abren las puertas para el conocimiento democrático al conjunto de la población y como entonces se establece este dialogo entre el conocimiento y los productores. Nosotros articulamos, las ferias en las universidades nos ayudaron nos permitieron eso. Este trabajo que venimos haciendo con las cátedras de soberanía nos ayudaron a eso, a trabajar juntos, no separados, no de cada lado del mostrador, del mismo lado del mostrador y juntos… yo te digo y vos me enseñas, vos me enseñas y yo te digo.

Hay otra situación a nivel de la sociedad. En este momento de semejante crisis lo que mantiene la credibilidad en el imaginario popular son las universidades. Este es un rol muy importante, dar credibilidad, porque si en el barrio que estás trabajando le sumas el aporte del colectivo universitario vas a ver cómo la gente lo va sentir más creíble, porque no cree en los organismos del Estado, esa es otra situación. Hay una confusión, el Estado no es el gobierno, el Estado somos nosotros. Entonces empecemos por ahí, cuando se habla del Estado la gente piensa que es el gobierno de turno, no hay credibilidad. En cambio, cuando vos vas y decís soy de la universidad la gente te cree y te pone en otro plano. Y esto nosotros lo tenemos que trabajar más porque nos va a enriquecer y nos va a nutrir las experiencias de base, fundamentalmente este dialogo de saberes.

Esto de la catedra libre tiene es función, abrir las puertas en la universidad al conocimiento para que sea más integral, para que acompañe más.

Nosotros tenemos que ser más participativos en nuestras propias universidades. Nuestras universidades tienen una condición que en otras partes del mundo no la tienen, tienen el gobierno tripartito o cuatripartito, a veces los graduados no participamos o el claustro de graduados no está representados. Los docentes a veces toman ese lugar y no debe ser así. Tenemos que democratizar las universidades.

Esto que es extensión universitaria no en todos lados se toma como debe ser. Villa María tiene que tener, por ejemplo, un catastro de los dueños de las tierras en Villa María. ¿la universidad sabe quiénes son los dueños de esta zona? Además, se oculta la información, esto es un trabajo de investigación.

Acá hay un ida y vuelta, a nosotros nos han formado en la universidad y nosotros tenemos que devolverle a la sociedad lo que la sociedad nos ha facilitado.

De acuerdo al contexto actual y pensando que el Estado es el que planifica las políticas públicas ¿qué peso tiene el FMI?

Por supuesto que nos condiciona porque nos ha generado dependencia y un país dependiente no es un país soberano y va a tener que seguir las reglas que ellos le dicte para poder recaudar más o para que se la pagamos. Es un debate que vamos a tener, ¿pagamos o no pagamos?, ¿cómo pagamos’, ¿acorta el hambre a nuestros pueblos? Esta es la historia ¿De dónde vamos a sacar la plata? ¿Le sacamos el impuesto al champán o no? ¿Le sacamos el impuesto a la minería?

El nuevo gobierno se va a encontrar con un país sumamente dependiente y un país que no resuelve el problema de alimentación de su pueblo es un país dependiente y yo creo que no hay soberanía alimentaria sin soberanía política.

A falta de políticas públicas o a falta de un Estado interesado en generarlas, nosotros en tanto consumidores, ciudadanos, organizaciones ¿Qué acciones podemos llevar adelante para generar las condiciones que permitan la generación de una alimentación sana, segura y soberana?

La salida son políticas públicas, acá nadie se salva solo. Pero las políticas públicas tienen que sumarse a la comunidad social organizada y a la ciencia digna. Son las 3 patas de la mesa porque política publicas sin apoyo social no se van a poder implementar, políticas públicas sin el aporte de la ciencia y de las universidades enfocadas en nuestras necesidades no se van a dar, y sin la participación organizada de la sociedad menos que menos. Las políticas públicas si no tenemos sociedad organizada, fracasan.

¿Qué rol tiene la agroecología en la búsqueda de soberanía alimentaria?

Un rol fundamental porque la agroecología permite el estudio de los suelos, nos ha permitido 10000 años de historia. Recién en las últimas décadas empezamos a producir con venenos. Entonces empezamos a rescatar lo que se llama la biodinámica, rescatamos todos los bioinsumos y las mujeres están haciéndolo. Es decir, estamos produciendo sobre la base de conocimientos ancestrales que se mantuvieron a través de todos los tiempos.

No necesitamos veneno para producir.

La transición y la convivencia ¿ Es posible visualizar un modelo agroalimentario diferente en el continente?¿Cómo proyectarlo paralelamente o en transición con el actual?

Es un proceso de transformación.  Es un proceso en donde, además, no solo tenes que mostrar esto que nos muestra el Doctor Sarmiento de que es productivo y demás, sino que tenes que ganar la consciencia de la gente. Entonces para que haya este modelo primero tenes que saber que nuestro objetivo es llegar a producir alimentos sanos, seguros y soberanos, y que para eso tenemos que transitar este camino. En el camino vamos a ir transformando.

 

 

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *