SI NO HAY AMOR (LIBRE) QUE NO HAYA NADA ENTONCES PARTE II

“La escritura, movimiento irreductible mediante el cual
un cuerpo arroja a la cara del Amo un grito:
“no obedezco más”
y pone en riesgo su inteligibilidad social,
su vida conocida hasta ese momento porque DESEA el riesgo de la muerte
a la certeza de tener que continuar haciendo caso.”
LUDDITAS SEXUALES

Por Lucía Saavedra

Después de muchos meses de escribir la primera parte de este conglomerado de palabras, me gustaría hacer una revisión sobre lo que dije y cómo lo abordé, a saber que, a medida que vamos fluyendo la vida nos abastece nuevas situaciones y nuevas formas de vincularnos.

Una primera aclaración advierte que, el primer escrito que me permití publicar al respecto deviene de un contexto que ya no existe, por lo tanto, así como nuestro contexto cambia, nosotrxs -si nos atrevemos- también vamos a cambiar. Resulta un tanto difícil dejar atrás quienes fuimos, quienes aprendimos a ser, sin embargo, nuestra esencia siempre está ahí. Solo que no la podemos captar si nos resistimos con vehemencia a ser parte de la maravillosa conexión con nuestros contextos que cambian y que fluyen; ¿qué quiero decir con todo esto? si bien aprendimos una forma de “ser” y del “deber ser”, dentro nuestro hay una conexión con la tierra, la naturaleza, la vida que se transforma, y para descubrirnos tenemos que estar listxs.

En segundo lugar, en el anterior escrito me encuentro haciendo una crítica fundamentada al sistema heteronormativo y monogámico que replica un binarismo sexista desigual, no obstante, tales prácticas de ejecución y ejercicio de poder no sólo son llevadas a cabo en vínculos monógamos y/o heterosexuales, lo que hay que desnudar son las lógicas de poder donde “somos sujetxs que tienen el control de otrxs sujetxs”.

Estas formas aprendidas del ser y de vincularnos están internalizadas, destaco que, a menos que exista un exhaustivo trabajo para poder desaprenderlas o deconstruirlas (sí, al fin se presentó la famosa palabra deconstruir), debemos refutarnos constantemente.

Es lo que pretendo transmitir en estas palabras, luego de reflexionar sobre las formas en que reproducimos los vínculos. Esta situación supone, la posibilidad de “desterrar” aprendizajes y acuerpar nuevos. Un arduo trabajo, pero creo (en lo personal) que es transformador y enriquecedor al mismo tiempo que resulta doloroso y devastador.

Me quiero detener un momento, en la palabra Deconstruir que tanta agitación viene generando en distintos ámbitos. Siento/pienso que se está utilizando de tales formas que en un punto ha sido banalizada: ¿vos estas deconstruidx? ¿el/ella esta deconstruidx? ¿yo me estoy deconstruyendx?… Como si no implicaría un proceso constante y continuo. Es decir, se simplifica de tal forma que no parece ridículo escuchar frases como “fui a una charla y me deconstruí”, empero, hay un imaginario que se ha creado al respecto que simplifica el todo de la palabra deconstruir y le supone una carga tan liviana y minimiza el proceso que la significa, sin ánimos de crear verdades absolutas, sino con las intenciones de invitarles a la reflexión del significante Deconstrucción.

Asumo que, desde mis sentires y experiencias, la deconstrucción advierte cómo el hecho de desaprender cada una de las prácticas amatorias es un proceso tan singular y subjetivo como continuo, ya que como expresé anteriormente, todo el sistema de relaciones que tanto daño hace está internalizado en cada unx de nosotrxs.

Por otro lado, y con esto quiero terminar mi reflexión respecto al escrito anterior, es que encuentro en aquellas palabras escritas en el pasado noviembre, dos cuestiones a las que pretendo refutar/me. En primera instancia la resistencia que impongo al dolor, y con esto me refiero a que, si bien sostengo la negación a que “el amor como se nos ha sido enseñado “debe doler” porque “si no duele no es amor””, también busco en este momento, quitarle el peso simbólico que tiene “el dolor”, hay situaciones que van a generar dolor, pero no todo amor o acto amatorio debe estar regido por el dolor.

Quiero decir, que, si bien el éxtasis del placer amatorio deviene en disfrute, existen situaciones y circunstancias que luego también generen dolor o desagrado. No todo lo que nos gusta/amamos hoy será para siempre del mismo modo, el dolor es un sentimiento, existe, sucede, la idea es transitarlo desde una nueva concepción donde me permito sentir aquel dolor pero que no devenga necesariamente de situaciones de “amor romántico”, sino como, una consecuencia inevitable de la existencia en este mundo.  Las nuevas formas de vincularnos se presentan como contrahegemónicas, pero también con un tinte de “mandato”, ¿si no estas abiertx a vínculos libres/polígamos/abiertos entonces no podes autopercibirte criticx a la heteronorma monogámica binarista?, si no siento placer, gozo y quiero llevar a cabo vinculos fuera de lo establecido ¿estoy mal? ¿no soy feminista? ¿no estoy pudiendo decontruirme? pues, creo que, el límite lo debemos poner nosotrxs y no la sociedad, los mandatos o las otras personas, según entiendo, podemos crear un pensamiento alternativo a partir del diálogo, nada está dicho ni hecho si así no lo deseamos. Encontraremos en cada célula de nuestro ser, aún vestigios del régimen heteronormativo autoritario que nos domina y rige, eso no debe ser causa de dolor, pero sí de crítica hacia nosotrxs para con otrxs.

Y con esto quiero decir que estamos aquí para cuestionar lo impuesto, pero para sentirlo también, y agrego a este escrito la palabra amatoria, que he adquirido de los escritos de Leonor Silvestri, y también invito a que lean, relean, disfruten y amen.

En segundo lugar, me encuentro en una persistente deliberación respecto a lo que en el primer escrito describí como responsabilidad afectiva, y cito “Esta responsabilidad a la que se le ha comenzado a llamar “responsabilidad afectiva” trasciende el “AMOR ROMANTICO” y va por más.  Significa, al menos para mí, que debo sentir/pensar responsablemente tanto en mi como en el/la otra/o”. Esta afirmación si bien continúa resultando correcta, de un tiempo a esta parte, percibo como muy subjetiva dicha responsabilidad, creo que aún falta debatir al respecto, comunicar de manera clara y consciente qué clase de afecto pretendo, deseo y busco; en esta apuesta de sostener acuerdos reales desde el amor, no sólo con lxs otrxs sino también conmigo mismx.

Pero al mismo tiempo, me cuesta sostener la categoría “responsabilidad afectiva” como tal, retomo en este escrito a Leonor Silvestri en LUDDITAS SEXUALES donde propone pensarnos desde la Ética Amatoria, a la cual describen como “la construcción reflexiva del uso de los placeres que se desprenden a partir de nuestros sentimientos más profundos de cariño.” (Luddismo sexual:. Ética amatoria del deseo libertario), Pensándolo en estos términos, implica algo más integral que solo el hecho de compartir vínculos, si no, poniendo en jaque el PLACER como eje de cualquier proceder, a saber: pensar nuevos placeres y nuevas formas de placer.

La responsabilidad afectiva implica un límite en tanto las relaciones, ya que me supone sujetx que “debe hacerse cargo de”, la ética amatoria me supone sujetx deseante antijerárquico. Propongo entonces romper cualquier lógica de dominación y de reproducción del sistema que llevamos incorporado casi innato a partir del control policial de nosotrxs y otrxs sobre lxs cuerpxs.

Se trata de un continuum reflexivo que invito a realizar y sentir. No todo es como lo sabemos, despertemos del amor romántico y la heteronorma monogámica.

Estamos en la búsqueda del amor propio en concordancia con los afectos otrxs.

Lee la Parte I en este enlace:  SI NO HAY AMOR (LIBRE) QUE NO HAYA NADA ENTONCES

*Las ilustraciones son de La Barón de la Cerveza 

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