TEORÍAS QUEER

Desde La Vento nos parece importante generar acciones para desarticular los circuitos de desinformación, en este sentido creemos necesaria la participación en diferentes instancias de formación para poder contar con las herramientas necesarias para informar de una manera crítica, libre de prejuicios, desde una perspectiva de género.
En este caso les comentamos que estamos realizando un seminario en CLACSO sobre “Teorías queer y pensamiento sexo-disidente” y nos pareció interesante poder ir compartiendo algunos de los materiales que nos brindan en las clases para poder repensar nuestras prácticas y derribar las estructuras patriarcales.
¿Qué es la teoría queer? ¿Donde y cómo surge ? ¿Cuáles son los puntos centrales?. Les compartimos un texto breve, que nos permite introducirnos e ir adentrándonos en estos conceptos.

Podríamos decir que la teoría queer tiene como objetivo una crítica radical de lo establecido, una crítica que se vuelve, en algún sentido, una auto-crítica de las disidencias sexuales, no para impugnarlas sino para complejizarlas en un sistema que las coloca en el margen y en el lugar de lo ininteligible. Porque para la teoría queer la sexualidad es un espacio que forma parte de lo social y, como tal, está atravesada por relaciones de poder.

La delimitación de este espacio es el efecto del despliegue de un dispositivo normativo de sexualidad sobre los cuerpos, deseos y placeres. La sexualidad como dispositivo está hegemonizada por una norma heterosexual que construye una ficción de naturalidad y   coherencia sobre esa sexualidad. De ahí que lo que no esté dentro de la normalidad de la misma caiga en el espacio de lo abyecto y sirva desde el margen para definir a la normalidad. La operación hegemónica de estabilización de la sexualidad dentro de los límites de la identidad heterosexual produce por exclusión un espacio de abyección, condensado en la figura de la homosexualidad, que pese a ser exteriorizada por esa operación como el otro absoluto de la identidad heterosexual, no es sino la marca de su límite interno. La teoría queer es un momento dentro de un gran campo de estudio de las sexualidades no normativas y una herramienta para pensar perspectivas de trabajo. En esa falta de rigidez, de definición y de homogeneidad, está la potencia subversiva, disidente y resignificadora de la teoría queer. Porque una aproximación queer a la sexualidad y a la identidad afirma de forma radical el carácter político y conflictivo del género y las sexualidades.

Sobre movimientos y teorías queer

El movimiento queer emerge en Estados Unidos durante los años ochenta. Es muy difícil precisar una fecha exacta, ya que no se trata de una corriente homogénea y sistemática.

Como movimiento político, lo queer está conformado por una serie de grupos militantes que se constituyen como movimiento o movimientos queer. En el contexto ya descripto de mediados a fines de los años ochenta, con las crisis del feminismo, del movimiento LGBTIQ, y, sobre todo, del VIH-Sida, la fuerza de los movimientos queer se incrementó y los mismos se posicionaron como grupos de disidencia y rebelión sexual contra las normas sociales, tanto de la heteronormatividad como de la norma gay-lésbica conservadora. Bajo la influencia de este movimiento comienzan a emerger en la academia norteamericana una serie de trabajos de diferentes intelectuales que teorizan sobre disidencias sexuales y género, pero ya no desde el posicionamiento de los estudios gay-lésbicos de los años ochenta y noventa, sino desde un lugar mucho más crítico y problematizador del sujeto y la sexualidad. Se puede marcar el inicio “canónico” de la teoría queer con la publicación en 1990 de Gender Trouble.

Uno de los problemas de la teoría queer es su presentación como teoría. Es discutible su  carácter como tal, y se podría pensar más como un conjunto de reflexiones y teorizaciones asistemáticas, superpuestas a otras teorizaciones sobre la sexualidad y el género, e incluso polémicas y contradictorias entre sí, algo similar a lo que nos indica Sáez “(…) lo que llamamos teoría queer no es un corpus organizado de enunciados, ni tiene ninguna pretensión de cientificidad, ni posee un autor único, ni aspira a dar cuenta de un objeto claramente definido, es decir, no es propiamente una teoría.” (Sáez, 2004: 127) En todo caso, lo queer es interesante como una suerte de no-teoría, una contra-teoría, una teoría que no funciona como tal, sino que es un conjunto de pensamientos y teorizaciones que confrontan contra las teorías establecidas y “normales” o normalizadas. Si lo queer se vuelve teoría institucional y fija, según algunxs teóricxs, pierde su carácter queer de subversión y disidencia.

Vamos a utilizar el término “teoría queer”, pero teniendo en cuenta dos aspectosdeterminantes. Primero, no estamos ante una teoría en el sentido clásico, sino más bien ante un conjunto asistemático de pensamiento y teorización contra-normativa de las sexualidades disidentes. Segundo, no estamos ante una teoría individual y homogénea sino ante un conjunto de teorizaciones polémicas, subversivas y hasta contradictorias que se deben pensar en plural, las teorías queer.

La Queer Theory (en un sentido académico) es una expresión de Teresa de Lauretis que aparece en un texto de 1991. En ese artículo, la autora realiza un movimiento crítico contra el sujeto de las identidades gay y lesbiana (como ocurre con el pensamiento feminista y la crítica del sujeto mujeres en los años ochenta y noventa). Esto se realiza en el ya mencionado contexto de una normalización de las diferentes identidades sexuales.

Desde su aparición como tal, la teoría queer se encargó de pensar el sujeto político de las sexualidades no normativas, confrontando con las sexualidades normalizadas y normales y el sujeto gay, blanco y clase media del modelo gay “normal”, que excluyó a identidades y prácticas como las drag queens, las performances drag king, las identidades lesbianas Butch/Femme, el SM gay-lésbico, las identidades transexuales y transgénero, etc.

Lo queer surge como consecuencia directa de las crisis (y autocrítica) de la comunidad LGBTIQ ante el reduccionismo de una identidad étnica gay y lesbiana que homogeneizaba un colectivo disidente en virtud de las tendencias integracionistas de un sector del movimiento gay-lésbico. Lo queer confronta contra estas tendencias y promueve posiciones de enfrentamiento directo con la normalidad, así como un cuestionamiento radical de la identidad gay integracionista de fines de los años ochenta, que tenía efectos excluyentes sobre gran parte de la comunidad.

Como señala Sáez: “Las características fundamentales de este nuevo modelo político son la construcción de una base identitaria abierta y mucho más flexible, y la utilización de estrategias e instrumentos de lucha provenientes de las propias estructuras culturales y políticas de la heterosexualidad.” (Sáez, 2005: 44)

Esta política queer se posiciona como anti-asimilacionista y en contra de la integración en la sociedad heteronormativa, siempre desde un posicionamiento de margen y alteridad.

Los movimientos queer, el activismo queer, parten desde ese lugar y utilizan técnicas que se asemejan a las de los inicios del movimiento gay-lésbico, con confrontación directa y provocación combativa de las estructuras del régimen heteronormado: “Se pretende poner contra las cuerdas al integracionismo liberal adoptando una actitud de descarada  incorrección política, de voluntaria inadecuación a los marcos del ‘consenso’ político.” (Córdoba García, 2005: 44).

La emergencia de la teoría queer en la academia norteamericana es una consecuencia directa de las corrientes teórico-políticas provenientes del activismo queer y el contexto teórico y sociopolítico de fines de los años ochenta. Ambos ámbitos, el movimiento y la teoría queer se retroalimentan. Hay un intercambio constante, lo que hace complejo marcar con claridad los límites entre uno y otro.

Lo queer no viene a reemplazar directamente ni la identidad y el movimiento gay ni los espacios académicos logrados por el movimiento gay (Los Gay and Lesbian Studies), sino que se ubica en esos mismos espacios para convivir, discutir y retroalimentar a otras disciplinas. No es simplemente que lo queer reemplazó lo gay-lésbico, sino que se trató de una convivencia compleja.

Como señala Teresa de Lauretis, no se puede pensar la teoría queer simplemente como un reemplazo de los Gay and Lesbian Studies. Como indica Jagose, lo queer marca por una lado una continuidad y por otro una ruptura con el modelo gay previo de la liberación gaylésbica y el feminismo lesbiano. No se trata de dos espacios enfrentados o contradictorios, como tampoco se esperaba que el campo de los Gay and Lesbian Studies construyera barreras disciplinarias entre los mismos y el feminismo y los estudios de género.

Como señala Jeffrey Weeks, “queer”, como palabra tiene un recorrido espectacular, que va desde sus múltiples significados hasta el uso teórico y activista. El mismo Weeks nos indica la amplitud del término: “Como concepto acerca de la sexualidad, queer es tan flexible y está tan lleno de significados múltiples como el mundo al que hace referencia.”(Weeks, 2011: 211)

El sintagma Queer Theory, en su versión “académica”, aparece por primera vez en 1991 en el número 2 de la revista Differences, en un artículo escrito por Teresa de Lauretis como introducción al volumen. En ese artículo de Lauretis critica que los Gay and Lesbian Studies se habían integrado de forma “institucionalizada” a la universidad estadounidense, perdiendo parte de su capacidad crítica. Teresa de Lauretis proponía la necesidad de que  los Gay and Lesbian Studies realizaran una reflexión teórica más crítica y atenta a las diferencias dentro del feminismo y la comunidad LGBTIQ. Para ese fin, propone, en el marco de los Gay and Lesbian Studies la expresión “Queer Theory”. La introducción de la teoría queer es prácticamente una anécdota, una suerte de “broma”, dentro del marco de los estudios gay-lésbicos. Lo queer se introduce como término en el artículo de Teresa de Lauretis, pero no hay que olvidar que la configuración viene dada por los antecedentes de los ochenta, así como la publicación de varios volúmenes que se consideran “fundadores” de la teoría queer en 1990. Unos años después, en 1994, de Lauretis tomó distancia crítica de su término Queer Theory, considerando que se había convertido en un elemento comercial y vacío.

Queer se vuelve una categoría teórica en constante movimiento, que pone en juicio las categorías convencionales de la identidad sexual, las oposiciones y binarismos que sustentan el sistema heterosexual y la norma LGBTIQ. En lo queer la identidad deja de ser algo fijo, coherente y natural, abriendo el panorama de posibilidades sexuales que desafían la distinción entre normal/anormal, homo/hetero, masculinidad/feminidad, etc.

En otras palabras, la teoría queer desafía las categorías que construyen la normalidad sexual y se aleja de los Gay and Lesbian Studies al no querer construir un tipo de sexualidad nueva o esencial y que no asume una materialidad específica.

Las teorías queer son articuladas como teoría universitaria en el período 1990-1995 en Estados Unidos, con una proyección y retroalimentación en otros puntos geopolíticos en donde se trabajaba con sexualidades no normativas. De acuerdo a Javier Sáez, los puntos centrales de trabajo de la teoría queer se pueden resumir en los siguientes: crítica a la sociedad heterocentrada y al binarismo de género, crítica al binomio hetero/homosexualidad, el sexo como producto del dispositivo de género (en una ruptura del sistema de sexo/género anterior), crítica de la diferencia sexual en tanto posición binarista del género, resistencia confrontativa a la normalización, confrontación de los dispositivos de normalización del sexo y el género, cuestionamiento de la identidad esencialista, producción continua, compleja y diversa de identidades no fijas (en virtud de  un anti-integracionismo y una defensa de la diferencia abyecta), performatividad de género (crítica de la idea de “original”), entre muchas otras posibilidades.

Veamos, entonces, a continuación, algunos rasgos posibles de estas teorizaciones queer(que no son todos, sólo algunos que podemos pensar):

  • Crítica a los binarismos: Lisa Duggan marca que el proyecto de la teoría queer es desnaturalizar las categorías de identidad sexual, sexo y género, en una crítica directa a lo que se llamó identity politics. Esta crítica a los binarismos identitarios (hetero/homosexualidad, pero también varón/mujer o incluso sexo/género) busca deconstruir la idea de “natural” que imponen los binarismos culturales. Por ejemplo, Duggan nos señala que homosexual/heterosexual es un binarismo, una polaridad histórica y una categoría que no es fija y exclusiva si se la piensa en su devenir histórico en Occidente. En todo sentido, la identidad fija es funcional a un sistema que busca privilegiar a algunos en desmedro de otros que son “abyectados” de la normalidad. De ahí que las ficciones de identidad normativa generan exclusiones.
  • Crítica al régimen heterosexual y resistencia a la normalización: La crítica a la heterosexualidad como régimen normativo que lleva adelante la teoría queer sigue con la línea de los discursos liberacionistas de los años setenta y del feminismo lesbiano radical, ya que la teoría queer considera al régimen heterosexual como un espacio incoherente, con fisuras donde se pueden articular prácticas de resistencia, resignificación, afirmación y producción de identidades móviles y alternativas. La resistencia a la normalización es uno de los ejes más importantes de la teoría queer. Justamente porque un sector del movimiento gay-lésbico terminó convirtiéndose en los años ochenta en un grupo que buscaba la integración en la sociedad heterocentrada (con sus privilegios, derechos y normalidad), el movimiento queer vino a confrontar con esa “norma” gay. De ahí que en la teoría queer (y las políticas queer), las sexualidades disidentes, no normales y no normalizadas confrontan directamente con el orden social, político y heterocentrado.
  • Anti-integracionismo: Podríamos decir que la teoría queer es anti-esencialista, pero no la consideramos anti-identitaria, sino que hay que matizar su supuesto anti-identitarismo. En todo caso, lo queer y la teoría queer están en contra de ciertas identidades esencialistas, pero no simplemente de la identidad en sí. Lo queer respecto a la identidad tiene una posición anti-esencialista que, por un lado, niega el carácter natural de la identidad y, por otro, no la piensa como algo fijo y estable, sino como una construcción socio-cultural que se entiende como un proceso abierto a transformaciones y redefiniciones. La teoría queer no busca la integración, sino la radicalización de la diferencia, y en esa búsqueda se convierte en un proceso cultural abierto que está orientado a la producción continua de nuevas identidades fluidas, no fijas y contrarias al orden natural. La idea de asimilación no es parte de los procesos identitarios de la teoría queer, principalmente por la posición anti-integracionista de lo queer en virtud de su carácter alterno y contra-teórico.
  • Performatividad de género: Judith Butler, la filósofa más importante para la teoría queer, introduce conceptos e ideas medulares para lo queer. Uno de ellos es la idea de performatividad de género. Butler analiza el género como una ficción cultural, un efecto performativo de actos reiterados, sin un original que imitar. Se aproxima a las identidades de género desde un rechazo a un modelo que indica que las manifestaciones del género responden a esencias interiores que se expresan a través de esa manifestación.

 

EQUIPO DOCENTE: Saxe, Facundo Nazareno (IdIHCS/UNLP-CONICET, Argentina),  Rubino, Atilio Raúl (IdIHCS/UNLP-CONICET, Argentina), Moretti, María Inés (IdIHCS/UNLP-CONICET, Argentina), Sánchez, Silvina (IdIHCS/UNLP-CONICET, Argentina)

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