¡(re)TOMÁ LA LUCHA!

Por Florencia González.

Agradecemos las colaboraciones de Gabriel Ventura, por haber dejado sus huellas en este escrito.

¡(re)TOMÁ LA LUCHA![1]

“Por consenso mayoritario en la asamblea estudiantil universitaria llevada a cabo el día miércoles 29 de agosto de 2018, lxs estudiantes optaron como medida de fuerza y defensa de la educación pública, tomar la Universidad Nacional de Villa María. Esta toma es realizada de manera totalmente pacífica y por decisión de todxs lxs estudiantes de la Universidad presentes en asamblea…”[2].

Así se anunciaba un hecho histórico para nuestra casa de estudios, una medida de fuerza que adoptaron las universidades públicas a lo largo y ancho de nuestro país. Un año después las cosas no son muy distintas y aquellos motivos que nos movilizaron continúan más vigentes que nunca: el desfinanciamiento de la educación pública; la precarización laboral de docentes, nodocentes y estudiantes trabajadorxs; la falta de recursos para los programas de extensión, investigación, ciencia y técnica; la falta de recursos para sostener el normal funcionamiento de las universidades, pago de servicios, alquileres y salarios; el recorte en la incumbencia profesional de las diferentes carreras de grado, afectando los planes de estudio, los programas de posgrados y maestrías; el ataque continuo a la educación pública, gratuita no arancelada, laica y de calidad; el recorte de becas; el ataque al Boleto Educativo Gratuito y la falta de implementación a nivel nacional de esta política; la criminalización de la protesta, persecución y procesamiento de estudiantes que participaron de las tomas[3], entre otros.

Asegurar la universalidad en el acceso a la educación pública es un deber que en estos últimos 4 años pareciera haber sido olvidado y sometido a las nefastas políticas económicas y sociales que el gobierno nacional viene ejecutando desde el 10 de diciembre de 2015. Quienes transitamos la universidad bien sabemos que la deserción en las aulas es cada vez mayor y la fórmula es muy simple: la crisis económica obliga a priorizar el trabajo por sobre el estudio, pero el 80% de los trabajos destinados a lxs jóvenes son de extrema precarización, sin derechos laborales y bajo condiciones que no posibilitan complementar con el estudio. A esto le sumamos los costos de alquiler, servicios, comida, fotocopias, ¿Obra social?, transporte. El resultado es claro y se traduce en la inmediata exclusión de diversos sectores, la quita de un derecho básico y fundamental y la ausencia del Estado, una vez más.

Lxs que llegamos desde las barriadas, las villas, las áreas rurales, lxs que llegamos desde los rincones más lejanos de la provincia y del país sabemos perfectamente lo que significa la educación pública en nuestras vidas. Corrijo. Sabemos perfectamente lo que significa “caer” en la educación pública: una oportunidad para cambiar este sistema que nos oprime, nos excluye, nos criminaliza y nos violenta. Una oportunidad para hacer de este mundo un lugar más justo.

Y para nosotras, las mujeres y disidencias, ingresar, permanecer y egresar de la universidad pública esto significa el doble. No siempre pudimos acceder a la educación pública, gobernar nuestras universidades, educar e investigar en ellas. Y en las tomas de 2018 dimos cuenta de la responsabilidad histórica que tenemos para con quienes nos precedieron, trasladando la lucha feminista de las calles a nuestras universidades y visibilizando las desigualdades que atravesamos día a día, las violencias que ejercen sobre nosotras varones de los diferentes claustros, la falta de presupuesto para prevenir y erradicar la violencia de género hacia el interior, la falta de perspectiva de género en los planes de estudio y la exclusión de compañerxs que forman parte del movimiento feminista ¿Dónde están nuestrxs compañerxs trans y travestis, por qué no trabajan o estudian en la universidad? ¿Dónde están las compañeras madres que no cuentan con los espacios necesarios? ¿Qué pasa con la desigualdad de género y la diferencia salarial?

Cada estudiante que ingresa a la universidad pública es un hecho político digno de ser celebrado y defendido. Pero cada graduadx se convierte en la garantía de un Estado presente, de una sociedad que coloca la educación de las generaciones actuales y futuras como prioritaria para el desarrollo de nuestros territorios. Del ingreso al egreso hay un largo camino y ahí estamos nosotrxs, para defender nuestra educación y la de quienes vienen.

Muchas cosas han pasado desde aquella asamblea del 29 de agosto de 2018. Pero algo se mantiene firme y claro: el movimiento estudiantil villamariense está de pie, organizado y alerta ante cualquier ataque a nuestra educación pública, gratuita, laica, feminista y de calidad. No quedan dudas que nacimos para vencer y construir la universidad que soñamos.

Ni un paso atrás, ni para tomar impulso ¡Alerta que camina, la educación del pueblo por América Latina!

[1] Nombre utilizado por los compañerxs de la UNL para actividades alusivas al aniversario de las tomas estudiantiles.

[2] Fragmento del primer comunicado emitido por la Asamblea de Estudiantes de la UNVM.

[3] En agosto de este año, la Justicia Federal dictaminó el procesamiento de 27 estudiantes de la UNC por el delito de usurpación por despojo durante las tomas del año pasado.

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