Brasil en llamas. Y el Amazonas también.

Luis Inácio Lula da Silva lleva 500 días preso y la realidad política, social y económica del Brasil atraviesa una ola de medidas cada vez más extremas llevadas adelante por el presidente ultraconservador Jair Bolsonaro, quien inició su gobierno el 1 de enero de este años después de elecciones en un marco para nada claro.

(Personas piden por la libertad del ex presidente Lula da Silva. 2017. AFP)

El 20 de agosto se cumplieron 500 días de cárcel para el ex presidente Lula da Silva, acusado en la cuestionada y polémica causa Lava Jato, más aún luego de las filtraciones de conversaciones telefónicas en donde el ex juez Sergio Moro (ahora Ministro de Justicia) y los fiscales participantes de la causa intercambian información y se ponen de acuerdo en los métodos y argumentos de la investigación, incumpliendo una de las reglas básicas de todo proceso judicial, dejando a la luz la imparcialidad con la que se llevó a cabo.

La condena de 8 años y diez meses (reducida de una pena inicial de 12 años) que actualmente cumple Lula se da en un contexto adverso para gran parte de la población brasileña. Las minorías vienen siendo excluidas sistemáticamente en las políticas de Estado, se criminaliza y persigue a las y los pobres, militantes y dirigentes opositores, sin olvidar que la situación es acompañada con un discurso de rearme de la población civil.

El negacionismo del calentamiento global por parte del gobierno de Jair Bolsonaro da vía libre al aumento descomunal de la deforestación del Amazonas (un 88,4% más en el mes de junio respecto al mismo mes del año pasado[1]), esto se está observando con los miles focos de incendios intencionales a lo largo y lo ancho de esta región ya desbastada. Aquí las comunidades originarias vienen denunciando sistemáticamente el aumento en la deforestación, haciendo hincapié en la destrucción de su hábitat y del peligro extremo de extinción de la flora y fauna existente.

(Mujeres pertenecientes de comunidades originarias participan en una marcha para exigir respeto por sus derechos y protestar contra el presidente de Brasil. 14 de agosto 2019. Reuters)

No podemos dejar de nombrar el aumento de las marchas en defensa de la educación tras los reiterados recortes presupuestarios e intentos de reformas educativa en todos los niveles.

La creación del polémico Ministerio de la Mujer, la Familia y los DD.HH. es otro foco de tensión y avasallamiento contra las minorías y disidencias dentro de la sociedad, logrando que con la designación como ministra a Damares Alves se retroceda aún más en las luchas en contra de la misoginia, el racismo y los diferentes tipos de violencias enquistadas en la sociedad. Alves, quien se autodenominó como una “terrible católica”, llegó a decir que “las mujeres están hechas para ser madres” o que “el niño viste de azul y la niña viste de rosa” o que “este es el momento para que la iglesia le diga a la nación de dónde venimos. Es el momento de que la iglesia gobierne”.

Aún le quedan más de 3 años de mandato a Jair Bolsonaro como presidente del Brasil y su imagen negativa va en picada, resta observar si el apoyo del núcleo duro que tuvo en un comienzo disminuirá o no.

(Estudiantes y docentes en el primer paro nacional contra Bolsonaro)

[1]Según el Instituto Nacional de Investigación  Espacial de Brasil.

 

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