Santiago Maldonado: un fruto de lo colectivo

Santiago, no nos conocimos/

/pero sé que caminabas/

/con belleza la libertad/

/y de eso nada saben/

/los sumisos y serviles,/

/los egoístas y cobardes./[1]

Por Marcos Ongini

Se cumplen dos años de la muerte Santiago Maldonado en la represión que Gendarmería Nacional llevara a cabo contra la Comunidad Mapuche en el territorio Pu Lof de Resistencia Cushamen. Su desaparición seguida de muerte debe leerse en una trama que no comienza con la llegada de la Alianza Cambiemos al poder –siendo el gobierno de Macri el más represivo desde la recuperación de la democracia-, sino que es la continuidad de un largo proceso que tiene su precedente directo en la invasión y conquista de América desde 1492.

De Colón a Benetton

Con la llegada de Colón al continente se inicia el capitalismo con sus lógicas de acumulación económica y control sociopolítico territorial. La conquista significó la muerte de aproximadamente 90 millones de personas por la violencia directa –torturas, esclavitud, evangelización, saqueo de recursos naturales y territorios- e indirecta –enfermedades que los europeos trajeron consigo- llevando a cabo el genocidio más terrible de la historia de la humanidad. El sacerdote “humanista” Ginés Sepúlveda -ideólogo de la “guerra justa” contra los indios por considerarlos inferiores y carecer de alma- sostenía: “Con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como niños a los adultos y las mujeres a los varones, o los negros a los blancos”. Continuaba: “Por muchas causas, pues, y muy graves, están obligados estos bárbaros a recibir el imperio [imperium] de los españoles […] y si rehúsan nuestro imperio podrán ser compelidos por las armas a aceptarle, y será esta guerra, como antes hemos declarado con autoridad de grandes filósofos y teólogos, justa por ley natural”.[2]  Sobre estas bases materiales e ideológicas con desiguales y violentas relaciones de poder se cimentó el régimen colonial.

En el caso del Estado argentino, la antropóloga Diana Lenton considera que se fundó sobre el genocidio de nuestros pueblos originarios, lo llama genocidio constituyente.[3] La oligarquía agroexportadora nucleada en la Sociedad Rural mediante el Ejército argentino desplegó las sangrientas campañas militares al “desierto”, asesinando, esclavizando y robando territorios ancestrales de las comunidades originarias del sur y el norte del país. Millones de hectáreas quedaron en manos de familias de la aristocracia porteña como Martínez de Hoz y Bullrich, convirtiéndolas en lotes para la producción ganadera al servicio del capital inglés. La justificación fue en nombre de la paz y el progreso contra el atraso y la barbarie indígena. El filósofo José Pablo Feinmann lo explica claramente: “Es una consigna para los poderosos porque, en realidad, qué se le puede asegurar a los poderosos más que la paz y el progreso. ¿Por qué? ¿Qué necesita el Capital? Paz. ¿Qué dice el Capital que trae cuando invierte en los países en que invierte? Progreso. Entonces, ¿qué le necesita garantizar un país a los inversores extranjeros? Paz y progreso”.[4]

Los medios de comunicación y el sistema educativo nacional han jugado un papel central en la reproducción del discurso legitimador mediante la antítesis yo/propio/civilizado y otro/ajeno/bárbaro, que ha ido construyendo un enemigo siempre en asecho que busca corromper los valores occidentales fundamentados por los intereses de clase de la elite dirigente. En su momento fueron los indios y gauchos, los anarquistas y socialistas, los peronistas, los subversivos, hoy son los terroristas, mapuches, kichneristas, feministas, etc.

En largo y complejo siglo XX, no fueron menos terribles las intervenciones del Estado por medio de sus fuerzas de seguridad. La militarización de los territorios, violentos desalojos y represiones, presos políticos, desapariciones y asesinatos son moneda corriente en nuestra historia. La masacre de las comunidades napalpí y pilagá[5], la represión a las huelgas obreras en las décadas del ‘10 y ‘20, los 30 mil detenidos-desaparecidos o los asesinatos de Darío Santillán y Rafael Nahuel son algunos ejemplos de ello. La sojización y el extractivismo llevado a cabo por multinacionales como Monsanto y Barrick Gold, los desmontes, la venta de territorios ancestrales a figuras públicas locales como Ginóbili y Tinelli o a multimillonarios extranjeros como Lewis y Benetton dan cuenta que la colonización no es cosa del siglo XV, ni el imperialismo del siglo XIX, que el proceso aun rige y se desarrolla de manera sofisticada con un aparato estatal promotor y garante de su expansión.

Santiago, un fruto de la lucha popular

El nombre de Santiago Maldonado se colectivizó más allá de la lucha que se encontraba disputando junto a los hermanos mapuches, en reclamo de la libertad del lonko Facundo Jones Hualas. La lucha colectiva, el poner el cuerpo junto a otros, es todo lo que el poder odia. De allí que la gran maquinaria comunicacional hegemónica se pusiera al servicio del gobierno macrista, de sus socios locales y foráneos, desinformando y mintiendo cínica y descaradamente, sin reparos ni escrúpulos, para desbaratar toda organización y muestra de solidaridad del conjunto social con la causa. La estrategia obscena, antiética e inmoral del gobierno y sus medios de comunicación afines liberaron una batalla ideológica fuertemente basada en lo que conocemos como posverdad, utilizada como estrategia electoral en 2017. Esto le permitió a la ministra Bullrich legitimar ante la sociedad su accionar represivo y elaborar una serie de resoluciones oficializando la doctrina Chocobar, -el 1° de agosto de  2019 inicia el periodo de inscripciones para el Servicio Cívico Voluntario en Valores a cargo de Gendarmería Nacional para jóvenes de 16 a 20 años, ¡toda una provocación!- y hasta Elisa Carrió sacó provecho al conseguir los votos necesarios para ocupar una banca como diputada nacional después que se paseara por los principales canales de televisión diciendo que Santiago estaba en Chile.

Quienes no vivimos la última dictadura directamente, conocimos la cruel y triste incertidumbre por la que debieron pasar las Madres, Abuelas y familiares de los detenidos-desaparecidos preguntándonos ¿Dónde está Santiago Maldonado? Siendo este interrogante prohibido y denunciado en las escuelas de nuestro país, escrachados y perseguidos los docentes que hablaran de Santiago con sus estudiantes, metodología que remite a los tiempos más oscuros de la Argentina.

Hoy Santiago Maldonado representa la transformación del ser como sujeto o individuo a un nosotros, donde sentimiento, pensamiento y acción convergen en la solidaridad y compromiso con lo comunitario, con lo popular, un abrazo colectivo contra los tiempos neoliberales que corren.

A dos años de su muerte, vale recordar que cada 1° de agosto los pueblos latinoamericanos celebramos el Día de la Pachamama, una festividad legada de los pueblos originarios para agradecer, pedir y bendecir los frutos que nos provee la madre tierra. En este día agradezcamos también los frutos que nos ha dado la lucha popular ancestral como Bartolina Sisa, Micaela Bastidas, Calfucurá, Pincen y miles de otros que nos hermanan en la idea colectiva de un mundo más justo y solidario.

Exigimos:

¡Basta de impunidad!

¡No al cierre de la causa!

¡Verdad y justicia por Santiago Maldonado!

 

[1] Fragmento del texto publicado en Facebook el 17-10-2017, día que fue hallado el cuerpo de Santiago Maldonado en el río Chubut.

[2] “De la justa causa de la guerra contra los indios” citado por Enrique Dussel, 1492, el encubrimiento del otro, Madrid: Nueva Utopía, 1993, (notas al pie, pp. 72-73).

[3] El Estado se construyó sobre un genocidio. Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-178560-2011-10-10.html

[4] Filosofía Aquí y Ahora IV – Canal Encuentro

[5] Durante el primer peronismo hizo su debut represivo Gendarmería Nacional en la denominada Masacre de Rincón Bomba contra la comunidad pilagá.

*La imagen es de Vía País. 

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