Hacé tu radio: La Tribu 30 años encendida

Por: Ernesto Lamas* para Señales
El 19 de junio de 1989 nacía FM La Tribu. Pionera entre las radios comunitarias de Argentina fue creada por jóvenes universitarios de Ciencias de la Comunicación de la UBA, militantes de un frente amplio de izquierda que conducía el centro de estudiantes. El plan inicial consistió en poner al aire una agenda alternativa, pasar música que no sonaba en las radios y nuevas voces que accedieran al micrófono.

Tuvo en sus orígenes la intención de ser “la radio de los estudiantes”. Ese plan, que en teoría proponía que los futuros comunicadores tuviesen la posibilidad de gestionar su propio medio se transformó cuando la radio sumó vecinas, artistas, militantes sociales y gremiales, periodistas y académicos. La Tribu consolidó su identidad comunitaria en el barrio de Almagro, luego en la ciudad de Buenos Aires y a partir del desarrollo de internet con audiencias que interactúan desde distintas partes del mundo.

Se escribió mucho sobre La Tribu en estos 30 años. Para definir en pocas palabras su historia usaría las sonoras y polisémicas libertad y autonomía. Libertad para crear un medio, para ejercer el derecho humano a la comunicación, para abrir los micrófonos a quienes no tenían voz pública. Autonomía en la decisión de una línea editorial, en la construcción de condiciones que confrontan con las lógicas de mercado, en resignificar el concepto de comunicación.

“Si usted cree que las utopías no existen esta radio no existe” decía un spot de la época fundacional. Era utópico que un colectivo de jóvenes sub 25 lograse gestionar un medio sin fines de lucro y con contenidos alternativos con profesionalismo pero sin perder la experimentación jamás. Era utópico imaginar correr los límites de lo que los medios masivos planteaban como posible demostrando que todas las personas tienen derecho a recibir, buscar y difundir información. Sin saberlo cuando fundamos La Tribu –junto a otros medios comunitarios que surgían en el país– construíamos condiciones para que la ley de medios audiovisuales fuese aprobada 20 años después en 2009.

La Tribu radio y espacio cultural, centro de capacitación, bar, auditorio, teatro y fiesta en la calle. Desarrolló un área audiovisual y creó una biblioteca. Integra una red mundial y es madrina de radios campesinas y de pueblos originarios en el país. La Tribu fue a la escuela, al barrio, a la universidad. Y La Tribu es la radio después de la radio. Temprana productora de podcast desde 2005 y atenta a las plataformas y redes para estar en el aire de diversas maneras.

Medio de propiedad social cambió muchas veces de responsables, distintos protagonistas de varias generaciones se hicieron cargo de un proyecto que promueve la participación hacia adentro y afuera.

Cuando en 1989 los medios dominantes hablaban del “fin de la historia” La Tribu se presentaba como el último refugio del tercer mundo. Un espacio de resistencia a la concentración que venía. Un medio para discutir y disputar el lugar del emisor, alterar, provocar algo más que la escucha. Un medio que agitó al aire “¡apagá La Tribu y hacé tu radio!” y se propuso ser un proyecto colectivo para que lo cotidiano pudiese transformar las costumbres del consumo y de la indiferencia. La costumbre de considerar a la comunicación como un negocio.

La radio es imaginación y la imaginación es poder. La imaginación enfrenta a la normalidad. La normalidad es una operación sobre las cosas para pretenderlas inmodificables. Pero que te acostumbres no quiere decir que tenga que ser así. La Tribu cumple 30 años y es testimonio que lo excepcional puede existir y que su existencia nos transforma.

*Docente. Comunicador. Fundador de FM La Tribu

Ante el mundo de las cosas y la perversidad de la acumulación:
La urgencia de que explote todo, 
erotizarnos,
querer bailar con los índices al cielo.

Ante la represión del mandato:
La mirada, 
la plaza,
el puño apretado.

Ante el aturdimiento del despertador:
La pausa.

¿Quién le pone el cuerpo a Monsanto? ¿Dónde están las pibas?

¿Quién mató a Luciano Arruga, a Mariano Ferreyra, a Santiago Maldonado, a Johana Ramallo, a Araceli Fulles, a Lucía Pérez, a Chiara Páez, a Diana Sacayán? ¿Dónde está Julio López?

¿Cuánto aire tomas para gritar?
Nos queda grabado en la lengua decir ahora y siempre. 

Nos quedan un montón de paredes por pintar, la sensación inconfundible de una mano que alienta. El abrazo que convoca y la furia que desborda nuestros cuerpos (in)disciplinados.

Quedan todas las voces insurgentes, revueltas, desobedientes, que nos convencen de que la historia puede ser otra. Tal vez, esa que escribimos al margen, un machete en tinta indeleble, una banquina en alguna ruta cortada. Nos queda seguir luchando por el derecho a la comunicación.

Ante la certeza del fascismo, el silencio, la soledad angustiosa:
La incertidumbre de lo erróneo,
la falla como posibilidad,
lo colectivo como antídoto,
la autogestión entre los dientes,
el encuentro como detonante,
la organización como horizonte de lo posible.

El aire como llamado a la acción.

La Tribu 30 años encendida

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