La celeste y blanca: otra historia

Por Marcos Ongini.

Se cumplen 199 aniversarios del fallecimiento de Manuel Belgrano. Cada 20 de junio se celebra el Día de la Bandera, fecha decretada en 1938 por el presidente Roberto M. Ortiz en plena Década Infame. La vida de Belgrano estuvo signada por la rebeldía y la desobediencia a la autoridad central del gobierno de Buenos Aires, ¿será por eso que Ortiz prefirió esta fecha para homenajearlo y no la del día real de su creación?

La historiografía liberal positivista de Bartolomé Mitre -oficializada y reproducida por el sistema educativo nacional- nos ha enseñado una historia despolitizada, desclasada y desfeminizada de Manuel Belgrano que llega hasta hoy. Es así, que si le preguntamos a nuestrxs estudiantes pocxs saben que la bandera fue creada el 27 de febrero de 1812 en un contexto de luchas independentistas para diferenciarse de los enemigos realistas, e inspirada en los colores de la escarapela y no en los del cielo.

A orillas del Río Paraná, Belgrano hizo formar sus tropas frente a una bandera celeste y blanca y ordenó “Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la independencia y de la Libertad”. Esa decisión fue mal vista y prohibida terminantemente por el Triunvirato y su secretario Bernardino Rivadavia -de “relaciones carnales” con Gran Bretaña y su enviado Lord Strangford-, quién le envió una carta diciendo: “Ha dispuesto este gobierno que haga pasar como un rasgo de entusiasmo el enarbolamiento de la bandera blanca y celeste, ocultándola disimuladamente y sustituyéndola con la que se le envía (…) El gobierno deja a la prudencia de V.S. mismo la reparación de tamaño desorden”. Tampoco se nos enseñó que aquella bandera fue cocida por María Catalina Echeverría, una vecina de Rosario invisivilizada por ser mujer y costurera. Osvaldo Bayer sostuvo que Belgrano fue “el primer feminista de América” cuando escribió el 21 de julio de 1810 en el Correo de Comercio: “Pero ¿cómo formar las buenas costumbres y generalizarlas con uniformidad? Que pronto hallaríamos la contestación si la enseñanza de la mujer y del hombre estuvieran en igualdad. Más por desgracia a la mujer, que debe estar dedicada a sembrar las primeras semillas, las tenemos condenadas al imperio de las bagatelas y la ignorancia”. En ese momento no existían escuelas para las mujeres, solo las niñas de “buenas familias” tenían la posibilidad de pagar un maestro particular. Fue Belgrano el primero que pensó en una educación que incluyera a las mujeres pobres y decía: “nuestros lectores tal vez se fastidien con que les hablemos tanto de escuelas y mujeres pero que se convenzan que existen en un país nuevo”.

Sabemos pero vale recordar que Manuel Belgrano murió en la pobreza. Lo único que ganó con la Revolución fueron 40 mil pesos fuertes -equivalente a 80 kg de oro- que donó para la creación de cuatro Escuelas de la Patria en el Norte. Para calcular el nivel de despojo y modestia en la que vivió, sepamos que se utilizó una piedra del lavatorio de su casa paterna como lápida para su tumba. La historia argentina tiene mucho de infamia, será por eso que en 1902, cuando se trasladaron los restos de Belgrano a su actual mausoleo en la iglesia de Santo Domingo, los ministros roquistas del Interior Joaquín V. González y de Guerra Pablo Richieri aprovecharon la ocasión para robarse piezas dentarias para sus museos personales. Fue tal el escándalo en la opinión pública y las denuncias en la prensa de la época que se vieron obligados a devolverlas. En la educación argentina poco se ha dicho de todo esto y la Historia Oficial se ha encargado de premiar y homenajear con monumentos y nombres de calles, escuelas y autopistas a personajes que han hecho de la Patria su propia estancia.

Fuentes:

Entrevista a Osvaldo Bayer. Recuperada de https://www.youtube.com/watch?v=GfpOmdERVPY

Puiggrós, Rodolfo. Los caudillos de la Revolución de Mayo. Ediciones Corregidor. Buenos Aires

Valko, Marcelo. Rateros y Soñadores. Revista Sudestada

www.elhistoriador.com.ar

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