Natalia Carrizo: la poesía militante de lo habitable

Por: Marcos Ongini.

Natalia Carrizo vive en la Ciudad de Buenos Aires. Fotógrafa de la realidad política y social de nuestro tiempo, de mirada aguda e intransigente ante las injusticias, su pluma negra y militante arde en el fuego obligatorio de la resistencia. Su poesía es suburbana, maleva, elegante y sensible. Una ciudad habitable con versos como esquinas grafiteadas y paisajes naturales que dicen y convocan otros mundos posibles. Su escritura es fértil porque sus creaciones configuran nuevas formas vitales que pueden viajar más allá del lugar en el que se gestan. Palabras andantes que se reescriben constantemente en las paredes intervenidas por la tribu de su calle.

Autora de dos libros –No somos diezmos (2016) y Que vuelvan los lentos y las Molotov (2019)- nos cuenta, sobre sus orígenes como escritora, que “la poesía es un estado de mirada que está presente en algunas personas que escriben y otras que no lo hacen. Siempre me gustó escribir y leer, hubo afectos cercanos que signaron mi amor por la palabra; me gusta pensar que escribir es una forma de existir, de darse identidad y contenido en la existencia”.

Natalia reconoce que su vida/obra está atravesada por la filosofía de Spinoza y Nietzsche, la poética de Gelman y la música del Indio Solari -entre muchxs otrxs-, sin embargo, le parece pretencioso y poco relevante determinar cuáles son sus influencias artísticas; sostiene que “todo artista se cruza con obras, circunstancias y situaciones, brillantes, buenas, malas y peores. Lo micro y macro social influyen en la voz artística tanto como los hallazgos culturales que se hacen a lo largo del camino; ¿qué influyó más conocer las letras de Tejada Gómez o la mirada de ese amigo de la infancia que no tenía dinero para comprarse botines? Un poco imposible de saber, ¿no? La vida es un entramado complejo donde todo lo que vemos, lo que hacemos y lo que somos nos influye de una u otra manera, nos construye, y cómo operan es un proceso que subyace; forzar hacerlo consciente, definirlo, recortarse en un collage de influencias o medirse de la obra de los demás me resulta una tarea sin mucho sentido”.

En su último libro cita letras de Solari, nos cuenta sobre el Indio: “Agradezco que exista. Acompaña desde hace décadas mi viaje en lo incomprensible del sistema en que giramos; y eso de lo incomprensible es algo que no tiene que ver con que no puedo comprender, sino con que me rehúso a abarcar, a formar parte, a la complicidad con este estado de las cosas… por eso La Poesía. Este contexto social, despiadado y denigrante, es parte de ese sistema que viene siendo denunciado por muchos artistas desde siempre. Nuestra lucha tiene himnos de lo que ya sucedió”.

Se define como una poeta militante y cree que la poesía puede contribuir a mover y conmover, a desajustarse y no acostumbrarse. Perdurar lo sensible, de eso se trata; negarle la entidad de “normal” a la injusticia cotidiana que muchas veces se ampara en lo absurdo con un discurso contradictorio, caprichoso y falaz… Un verdadero insulto a nuestras inteligencias. Hay que romper la rueda de cristal sobre la que avanza todo esto. No creo que una poesía pueda hacer la revolución, pero creo que la revolución no puede hacerse sin poesía”.

En cuanto a su militancia, forma parte de espacios políticos sindicales que trabajan con cuestiones que hacen al feminismo y participa de colectivos literarios y artísticos que buscan denunciar y hacer posibles cambios en el sistema patriarcal; la sanción del aborto legal, seguro y gratuito, por ejemplo. Mi feminismo está signado por la experiencia más que por cualquier marco teórico. A los 17 años participaba de una acción solidaria en Villa Paranasito, allí conocí a una chica de mi edad que estaba embarazada de su papá. Recuerdo lo que sentí mientras me contaba su historia, una furia mezclada de impotencia; la indefensión en que se encontraba, y lo incorporado que tenía el cúmulo de barbaridades a las que continuaba estando sometida, ese funesto dispositivo de “lo normal”; para ella no había nada más horrible que tener hambre y estar embarazada, cómo había llegado a esa situación no era algo de lo que servía preocuparse, tenía otras urgencias. Feminismo, sí; y justicia social. Sin justicia social no hay feminismo que resista su propio discurso contra la opresión”.

A principios de 2018, comenzó a circular por las redes sociales su poema Resista, un digno y sentido convite a no resignarse, a defender la existencia en tiempos difíciles de brutal neoliberalismo. El texto fue atribuido -vaya a saber por qué causa- a Paco Urondo. Hoy es resignificado con voz propia por un sinfín de manifestaciones, desde docentes en una escuela del sur del país o interpretado por grupos musicales como La Chilinga hasta traducido al francés. Ese poema es del pueblo; lo que pasó me conmovió profundamente, personas que se encuentran en la palabra, que respiran en la palabra, que por eso la apropian, la redefinen, la comparten, la hacen pública… Un poema que halla su Otro en una voz profundamente colectiva. Lo único lamentable de esta experiencia es que se gesta de la mano de un pueblo que está sumergido en la necesidad, la angustia, y la crueldad recrudecida de un sistema económico y social donde la propiedad cosecha más adeptos que la vida humana porque el individualismo y la falta de empatía quieren imponerse como norma a un conjunto social en el que, por ventura, hay muchos seres dispuestos a seguir diciendo ‘yo no’”.

Con respecto a sus libros publicados nos cuenta que “el título del primero es todo un manifiesto, ‘No somos diezmo’, allí se resume algo de lo que me provoca el estado de las cosas. El segundo incluye un manifiesto. Los dos son libros nacidos de un decir poético que se indaga y se hace posible en el desacuerdo y el descontento. La diferencia más notable quizá sea que ‘Que vuelvan los lentos y las Molotov’ fue un libro pensado para el encuentro con Otro, no con un otro asiduo lector, tan solo, más bien con todos esos otros que necesitan resistir, existir, encontrarse, forjar lazos comunitarios; es un libro donde lo político condiciona lo poético, un crimen premeditado”.

En lo próximo, su poema La ciudad habitable -apodado por el pueblo Resista– formará parte del proyecto (+) Mundos (-) Imposibles junto a las obras de artistas como León Ferrari, Marcos López, entre otrxs. La muestra será inaugurada el jueves 13 de junio a las 19.30 hs en el Museo Emilio Caraffa de la Ciudad de Córdoba y podrá ser visitada hasta el 1 de septiembre de 2019; de martes a domingos y feriados de 10 a 20 hs. El viernes 14 presentará Lo habitable (Poesía y otros desajustes) junto al poeta cordobés Leonardo Vergara y la banda musical ¥legal en Bastón del Moro, a partir de las 20 hs en Chacabuco 483, Ciudad de Córdoba.

Por último, reflexiona sobre el tiempo por venir y sostiene queel mejor plan para el futuro es seguir escribiendo y estar alegre la mayor cantidad de tiempo que se pueda. Lo demás queda lejos”.

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