EL ODIO DE LOS DUEÑOS DE TODO POR LA ORGANIZACIÓN SOLIDARIA

*Por Marcos Ongini

El viernes 15 de febrero, la Policía de la Ciudad de Buenos Aires reprimió el “Feriazo”, la venta y entrega de verduras a precios bajísimos para ancianos y familias numerosas de Plaza Constitución contra productores hortícolas nucleados en la Unión de Trabajadores de la Tierra. La UTT fomenta la agricultura familiar y el acceso a la tierra de 10 mil familias del conurbano bonaerense. En ese terrible episodio y sin precedentes en la historia de este rico país -en el que se pudo ver los gases lacrimógenos, los golpes, la confiscación y la destrucción de los alimentos- el reportero gráfico de Página/12 Bernardino Ávila fotografió con el lente preciso de su cámara a una anciana juntando berenjenas del suelo en medio de la represión. La tristísima imagen no tardó en viralizarse en las redes sociales provocando la indignación a la que nos tienen acostumbrados los sádicos que nos gobiernan.

Ayer, miércoles 20, la policía de Larreta, en un nuevo accionar represivo contra trabajadores de la cooperativa Madygraf que realizaban un “Cuadernazo”, en el que entregaron cuadernos de forma gratuita, frente al Congreso de la Nación, denunciando irregularidades en la licitación de materiales escolares del Ministerio de Educación, detuvieron a Ávila. Fueron a buscarlo directamente, lo golpearon y lo arrastraron junto al fotógrafo Juan Pablo Barrientos de Revista Crítica. Han convertido la Argentina en un coto de caza de originarios, jubilados, docentes, artistas, militantes, trabajadores.

Queda más que claro que la metodología de las fuerzas represivas responden a los intereses económicos de sus amos que no descansan ni un minuto en obtener sus ganancias corporativas, cuyo objetivo está en quebrar cualquier forma de organización y resistencia popular, obrera, solidaria, buscando el amedrentamiento de quienes luchan contra la crisis social que nos sumerge día a día en la desesperanza colectiva. Mientras la mayoría de los compatriotas ve pasar la represión como una carrosa detrás de la ventana, todos sufrimos la política económica basada en el hambre, la pobreza y la incertidumbre laboral. Quienes actúan de verdugos reglamentados y se ensucian las manos con la sangre digna del pueblo, también fueron pueblo, no son la excepción del odio de clase que nos tienen los dueños de todo. Es por eso que el revolucionario salvadoreño Roque Dalton ya lo había advertido mucho tiempo atrás en su poema “Los policías y los guardias” aunque el desclase y el lumpenaje funcional es el mismo:

Siempre vieron al pueblo

como un montón de espaldas que corrían para allá

como un campo para dejar caer con odio los garrotes.

Siempre vieron al pueblo con el ojo de afinar la puntería

y entre el pueblo y el ojo

la mira de la pistola o la del fusil.

(Un día ellos también fueron pueblo

pero con la excusa del hambre y del desempleo

aceptaron un arma

un garrote y un sueldo mensual

para defender a los hambreadores y a los desempleadores)”.

 Nos queda la resistencia y la organización popular por fuera de los canales de participación política establecidos por ellos, en los que nos ganan de cualquier forma. Es evidente que les molesta excesivamente que nos organicemos en la solidaridad, que promovamos la gratuidad en ámbitos en los que pierden ganancias, por eso mandan a sus perros adiestrados a reprimir. Por otra parte, al paso que van, esto no se arregla con una elección, lo debiéramos haber comprendido luego de la derrota electoral de 2015. No tenemos que esperar a octubre, impera dar pelea hoy. Con la indignación (burguesa) hacemos nada porque los pobres se mueren igual. Mientras tanto, no podemos detenernos a llorar, así nos lo decía otro poeta revolucionario, Miguel Hernández:

“Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento”.

 

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