Lacandona: Aprendiendo de la tierra CON la tierra

La Ventolera charló con Nati Tacconi, quien lleva a cabo el proyecto “Lacandona” que propone la producción agroecológica de plantines para huertas. Pero sobretodo, intenta promover otros vínculos con los alimentos, con la tierra, entre las personas y los espacios que habitan.

Para poder entender la génesis de este emprendimiento, le preguntamos a Nati cómo fue el proceso interno que transitó. “Me sonaba una voz dentro que cuando la empecé a escuchar me di cuenta de que me estaba diciendo cómo quería vivir”. Comentó que, quizás esa voz sonaba un tanto utópica, pero de cualquier manera se animó a probar: queria “vivir haciendo eso que te susurra por dentro”. Nati nos cuenta que se trataba de algo así como otro idioma, otros códigos, otras formas de las que prevalecen en el desempeño en general y en el laboral en particular, en relación a la vida adulta en este mundo.

En cuanto al nacimiento de la producción de plantines en sí, mencionó que se dio “mágicamente”. Contó que le comentan de una pareja de amigxs que producen verduras para el autoconsumo de su familia y de la familia de quien trabaja en esa huerta. Se trata de Luciana, Raúl y Chelo. “Me dijeron que tenía que encontrar mi motivación para ir, que no iba a servir si ellxs me decían lo que tenía que hacer. Al revés de la mayoría de los trabajos…sentía que estaba en otro planeta”, resaltó Natalia. Agregó que los intereses que la movilizaban eran la producción de plantines hortícolas agroecológicos y trabajar el viverismo; además le interesaban las plantas medicinales, su cultivo y cuidado y la elaboración de medicinas.

El lugar se llama “Los Almendros” en la ciudad de Villa Nueva. Señaló que, en un comienzo, trató de acercarse insistentemente al lugar para poder conocerlo, interpretarlo y entender el todo para poder interactuar con la diversidad que ya había instalada, con las proyecciones de Luciana y Raúl, con las ideas de Chelo, “con lo que me movía por dentro pero que no sabía bien qué era”. Agregó que “en ese proceso fue  surgiendo el trabajo con la tierra que abastece de verduras sanas y variadas a tres familias, incluso con excedentes. Aprendiendo de la tierra con la tierra, probando técnicas más amigables con el ambiente, experimentando la agroecología, intentando recolectar semillas”.

La autogestión como bandera

Por otra parte, le consultamos acerca de la autogestión, cómo la define según su experiencia y cuál considera que es su importancia. La creadora de Lacandona refirió que permite el autoconocimiento. “Poder vivir tu vida y no la de otres, independencia, revelarse, no seguir los caminos establecidos, libertad. Crear vínculos, organizarse con otres”, en suma, “una alternativa para salir adelante en tiempos donde no hay oportunidades laborales para todes”. Nati refirió que también se trata de un constante “tirar para adelante”, motorizar el proyecto. “Lo cual en épocas inestables suele tirar un poco para abajo a veces. Lo mismo que es una oportunidad en tiempos difíciles, por momentos es anímicamente una batalla. No estoy sola haciendo esto, tengo mucho apoyo de la familia, amigues, y fundamentalmente de mi compañero, que tiene un trabajo fijo que nos permite esperar a que el proyecto se autosustente y de para vivir”, destacó.

¿Cuáles crees que son los beneficios del contacto con la tierra y de cultivar nuestros alimentos?

“Creo que a través del encuentro con el mundo vegetal y con la biodiversidad, se da un conectar con la vida, y así con la simpleza y la entrega de nuestro ser”, resaltó Nati Tacconi.

En este marco, advirtió que hace posible la relación de las personas con el entorno natural, con la casa común de todes, con la madre tierra. Sobre la agricultura, expresó que la entiende como una actividad de supervivencia, de salud, de bienestar, la del alimento nutritivo de cada día, y no como la actividad de rentabilidades y mercancías. Explicó que, de esta manera, se puede observar al alimento como el fin en sí, como el bienestar de los pueblos, como un derecho, y que no sea el dinero el fin.

En este sentido, Nati propuso una pregunta disparadora para la reflexión: “¿Por qué no pensar en que de raíz podríamos reconfigurar nuestras esencias para construir otras formas de andar, de relacionarnos con la vida, de hacer de este un mundo mejor, de hacer política? Y respondió: “Siento como que es necesario tejer de otra manera el telar, despojándonos de recetas que no van más. Trabajar internamente en nosotres mismes, estar conformes con lo que hacemos, para poder transformar el mundo en un lugar mejor. La manera que encontramos desde acá es observando y experimentando desde la experiencia de las plantas, de lo vivo. La semilla, así tan chiquita que es, tan sola que espera, tan frágil que parece, saca fuerza en la oscuridad, rompe su envoltorio, germina y echa raíces. Aparece al mundo, sale al sol, crece con el viento. Con autonomía se alimenta, toma agua del suelo, recibe la luz y la energía astral, respira el aire, crece, se desarrolla, se reproduce, embellece el entorno, convoca insectos, nos inspira, fructifica, nos alimenta, y muere guardando la información de su linaje en las semillas que deja, cumpliendo ciclos, con su quietud, su paciencia, su paz, con la simpleza del sólo estar. La emprendedora local, aseguró que, si perdemos el asombro por esa maravilla, si nos desentendemos de esos ciclos biológicos y de esas energías que nos atraviesan, caemos en un vivir mecánicamente, desconectado de la vida, en angustias y vacíos espirituales, en el mundo del dinero y la acumulación, “del sálvese quien pueda”.

La ley de semillas: control de los alimentos y contaminación.

Aprovechamos la oportunidad para consultarle su opinión acerca del proyecto de ley de semillas que se busca instalar. “Creo que es avasallar con una necesidad básica que es el alimento”, indicó. También apuntó que la industrialización de los alimentos, el modelo de la revolución verde, el monocultivo, los agroquímicos, la gran urbanización y los ritmos de vida actuales promueven la pérdida de la noción de dónde provienen los alimentos que comemos todos los días, cuatro veces por día (“lxs que tenemos esa suerte”, acotó), y de dónde provienen un montón de otras cosas. En relación a esto, destacó: “La Ley de semillas va por un control total por parte de las grandes semilleras del mundo de la necesidad básica de todas las personas de alimentarse, y de la vida en general. Nos enferman con “alimentos” contaminados, y además controlan los remedios”.

Esta charla intenta demostrar un poquito lo que promueve este proyecto que hoy genera plantines para huertas a través de la producción agroecológica. En palabras de su creadora, Lacandona es “selva y resistencia”. Se refiere a una inmensa y adversa selva latinoamericana, donde a pesar de todo, florecen sueños de libertad, de justicia, de igualdad. Llevando consigo la fuerza latente del interior de una semilla.

¿Cómo acceder a los plantines?

Nati participa de distintos encuentros como la Feria Universitaria de Economía Social y Solidaria, la Feria de entrega de bolsones de la Mesa por la Soberanía Alimentaria, la Feria Autogestiva y la Feria Franca llevadas a cabo en la ciudad. A su vez se suma con los excedentes de verduras a la Feria Itinerante de Pueblo Mampa y en los bolsones que vende “De la pacha”. También podés acceder a través de los perfiles de Facebook e Instagram, y en el almacén “De Mi Tierra”.

“Algo muy lindo que se dio, es que les compañeres de “De La Pacha”, me encargaron plantines para su producción de verduras agroecológicas. Y en general les compañeres de la Red Abya Yala han incorporado plantines, colaborando con los inicios y ayudando a guardar y cuidar las semillas que darán”.

Llegando al final de la charla, la emprendedora local resaltó que lo valioso es intentar hacer eso que te susurra adentro, intentar vivir de otra forma si es que eso te suena, “sin entregarnos a seguir el caminito que pareciera que es el único que existe”. Hace un año que Nati transita caminos alternativos y autogestivos que  son los que vienen de adentro.

Las proyecciones a futuro de este proyecto es continuar la producción de plantines hortícolas sanos de especies como repollos, brócolis, lechugas, cebollas, tomates, pimientos, berenjenas, chauchas, zapallos, entre otras, y principalmente de variedades diferentes dentro de cada especie de estas verduras, que casi ni conocemos. “Seguir aprendiendo de la producción de verduras sanas, de los cultivos y sus interacciones, del suelo y la vida microscópica que hay que cuidarle, para ir caminando a una agricultura diferente. También me encantaría producir semillas sanas”. Y concluyó: “Me siento muy agradecida porque estoy haciendo lo que quiero, y eso es un montón”.

Todo esto está lejos de ser una verdad absoluta.

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