Enero en Laborde, aires de malambo

*Por Leandro Bonetto

En Laborde, un pueblo ubicado al sudeste de la provincia de Córdoba, zona agropecuaria fuerte de la pampa húmeda, hace 52 años en un contexto de formación de instituciones culturales se crea la comisión “amigos del arte” decididos a realizar un campeonato de malambo producto de la visita de un hombre que realizaba esta práctica y dejó anonadados a gran parte de los habitantes.
El más argentino de los festivales logró este sobrenombre por reunir a las 23 provincias argentinas, allí cada una está representadas por su delegación la cual se define por un preselectivo realizado en su respectiva provincia. Más de 20 rubros son los que se disputan distribuidos en malambo por un lado y música y danza por el otro.


Sin ninguna duda el más importante y el que más impacto genera es el rubro malambo mayor, el cual consagra al campeón nacional del malambo, máximo título al que puede aspirar un malambista, es el título a nivel mundial al que puede aspirar cualquier deportista, una vez consagrado en Laborde, habrá logrado todo.
Ese rubro es lo que comenzó a generar todo lo que sucede alrededor del predio y en el pueblo, personas de todo el país le dan un ritmo notoriamente distinto a Laborde a diferencia del que se observa durante el año, las escuelas llenas de bailarines, los espacios verdes con peñas espontáneas, todos los ritmos presentes, desde el carnavalito de Jujuy, pasando por la cueca de cuyo, el chamamé del litoral, la chacarera, la samba, el estilo sureño y todas las tonadas reunidas en Laborde, Capital Nacional del Malambo desde el año 2009 declarado de interés nacional por el Honorable Congreso de la Nación.
A partir de los 50 años el festival tomó un formato distinto comenzando el día domingo y finalizando el día sábado, las primeras 6 noches son de competencia plena entre todas las delegaciones en cada uno de los rubros, finalmente en la última jornada se clasifican en promedio 3 candidatos en cada categoría lo que la transforma en la noche de las finales, en donde el calor del público se multiplica al igual que la cantidad de asistentes que en promedio cuenta con entre 4 mil y 5 mil personas, igualando así la cantidad de habitantes de la localidad.


Es de esta manera que en la última madrugada de festival se da la consagración en cada uno de los rubros, todo ello definido por el jurado que cuenta con 3 destinados a malambo, 2 a música y danza y uno destinado a jurar recitador gauchesco. La tensión y la alegría que se vive en ese momento en el predio es únicamente comparable con el momento en que participan los aspirantes a campeón nacional de malambo, en donde el silencio es absoluto en todo el parque que ocupa una manzana entra.
Dentro del Malambo se puede encontrar la sala de campeones que retrata a cada uno de ellos, uno por edición y que quedan en la historia del festival, un patio de artesanos distinguidos en el país y un patio de comidas típicas accesible para quienes están dentro del lugar.
A partir de las últimas 2 décadas el festival comenzó a tener un poco más de masividad dentro de lo poco conocido que lo es aún; un libro escrito por Leila Guerriero “una historia sencilla” despertó el interés de diferentes periodistas a nivel nacional, mientras que la cobertura desde el año 2005 de la periodista Laura Falcoff fue un envión importantísimo para el más argentino de los festivales.
El festival se destaca por ser tradicional, mantener en los espectáculos la esencia de la música, la danza y el malambo, por otro lado los espectáculos que se dan durante todas las noches cuenta con el espectáculo de apertura organizado por la escuela de danzas del Festival y artistas que en la búsqueda de la coordinación artística representen la mayor parte del territorio argentino.

Las fotos son de Marcelo Cuadrotti, Soledad Maroco y Nicolás Rosso.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *