La Revolución se baila, se goza y se comparte

Charlamos con Lía Pereyra para conocer sobre su trabajo en la danza y su militancia a través del arte. Hablamos sobre el feminismo en la danza colectiva e individual y sobre el cuerpo como espacio de disputa. Hablamos de la resistencia, de sus luchas y de la revolución que baila, que bailan, que bailamos.

¿Quién es Lia Pereyra y qué construye?

“Soy una militante de la danza, una trabajadora de la danza”, fueron las primeras palabras a las que recurrió para describir su trabajo. Asimismo, nos contó que considera que la danza, entre las distintas artes, es la que menos se tiene en cuenta. Menciona que siempre lxs bailarinxs se encuentran en un plano de decorado musical, y que hace un tiempo, en conjunto con compañerxs bailarinxs se vienen planteando qué pasa con esta situación y con las condiciones laborales.

En este marco, argumentó que el gobierno de Mauricio Macri no le otorga personería jurídica a la Asociación de trabajadorxs de la danza, esto recae en la dificultad por ejemplo para poder gestionar las jubilaciones y comprender los derechos de este grupo entendidos como trabajadorxs. Agregó que, en el caso de Buenos Aires, por ejemplo, la situación es crítica ya que se están cerrando las escuelas de arte, hay una desfinanciación de los ballets nacionales y las becas para el arte tienen fondos desactualizados. “Yo trato de estar al tanto de la actividad, entendiendo a la danza como un trabajo, con una conciencia como trabajadora”, afirmó.

También destacó que la danza tiene que ser comprometida, “para mí es muy importante tensionar hacia adentro, preguntarnos qué baile estamos queriendo, qué baile trasmitimos como docentes, qué corporalidades, si queremos corporalidades dentro de la danza o seguiremos sosteniendo un cuerpo único, nuestro ejercicio de la docencia y de la dirección en cuanto a relaciones de poder”, refirió la entrevistada.

El cuerpo como espacio de disputa, de lucha simbólica y física

Lia resaltó que el sistema capitalista siempre puso mucho énfasis en los cuerpos, por ejemplo, desde la cuestión del trabajo mecánico, también en relación a la desaparición de cuerpos, ya sea en época dictatorial como en la actualidad. “El cuerpo siempre es un espacio de disputa y la danza trabaja con el cuerpo, entonces no puede estar desatenta a la politicidad que hay en las corporalidades, es como un deber. Es un espacio de lucha simbólica y física”, destacó.

Dialogando sobre este tema, necesariamente llegaron a la charla los femicidios que sufrimos día a día. “A nosotras nos matan, nos desaparecen”, resaltó mientras recordamos lo sucedido con el caso de Lucía Pérez, “en el juicio se volvió a cuestionar lo que ella hacía con su cuerpo”, mencionó Lia.

“El cuerpo es un espacio o campo de disputa y la danza tiene  el deber de darlo” enfatizó la entrevistada, a lo que añadió la necesidad de reflexionar como docentes y militantes de la danza sobre la manera en que acercan la danza sobre todo a los sectores populares. Disparó algunas preguntas a modo de reflexión: “¿Lo acercamos como una cuestión lúdica cultural? ¿Cómo una posibilidad de trabajo?” Valoró la posibilidad de poder realizar ese acercamiento no necesariamente desde lo lúdico (aclaró: “sin desprestigiar a lo lúdico, creo que hay que poner más ludicidad cuando bailamos”), sino realmente de acercarlo como un horizonte posible, como una posibilidad de trabajo.

Danza y feminismo

“Me gusta pensar que trato de ser cotidianamente feminista”, opinó y explicó que este año no se encontró tanto como ejecutora de la danza, sino más bien dirigiendo grupos de mujeres, “por eso también digo que el feminismo me encontró, porque se fue dando así y para mí fue un aprendizaje muy grande con esas mujeres, porque para mí también fue empezar a dejar de ver el feminismo como algo absoluto y entender que había feminismos y que se podían conjugar perfectamente, y que nos traspasan la corporalidad que una pone constantemente en juego cuando baila”, añadió la compañera Lia.

En este marco, charlamos sobre la participación que tuvo junto a una grupa de mujeres “Las Polvaredas” en el Festibailable del desaprendizaje que organizó la Murga La Cuerda Que Falta, que, según Lia, implicó un trabajo desde muchos aspectos, en primer lugar, desde recuperar lo ancestral de la danza y en lo ancestral lo comunitario y también lo animalesco. Expresó: “Fuimos trabajando para empezar a salirnos de ese lugar cómodo y de la danza como la expresión de lo bonito”.

La danza es un acto político

Nos comentó que su vínculo con la danza llega desde su familia ya que viene de una familia de bailarinas. “Mis primas continuaron, yo un tiempo dejé porque aparte de bailar a mi siempre me atrajo mucho la militancia y me costó mucho poder conciliar esas dos cosas”, afirmó Lia, a lo que agregó que con el paso del tiempo sucedieron acontecimientos en el país y coyunturas históricas personales y a nivel latinoamericano “que propiciaron un poco empezar a entender que se podía conjugar la danza y la militancia”.

En este sentido, reflexionó: “La danza es un acto político, una actividad política”. Explicitó que debió atravesar un recorrido muy arduo para entender a la danza desde este lugar. Sobre este proceso que transitó, reconoció: “Siempre que hablo de mi experiencia digo que he transitado por un cuerpo totalmente academizado, con un estilo riguroso, con una forma de bailar muy similar a la profesora o profesor del momento. En un momento de mi vida eso empezó a hacerme mucho ruido, empecé a dejar de sentir placer en bailar en determinados espacios, entonces empecé a buscar y me fui encontrando con mujeres que les pasaba lo mismo”.

Por otra parte, mencionó la idea occidental de la división entre el cuerpo y la mente. “Yo creo que si hay algo que ha hecho el sistema capitalista es fragmentarnos y en esta fragmentación, en el caso de la danza, por ejemplo, ha sucedido esto, separar la mente del cuerpo”, insistió en que muchas veces se dice que cuando bailas la mente se libera, pero que ella no considera que sea tan así, “me parece que cuando una baila empieza a tener conciencia corporal y a hacer una búsqueda del cuerpo” que por otra parte, en palabras de Lia,  lleva a la comprensión de que existen distintas corporalidades y que cuando se empieza a ser consciente de eso, ya no hay fragmentación.

En cuanto a esta exploración, indicó: “Creo que es una forma de empezar a tensionar relaciones de poder, la relación que tenemos con nuestras corporalidades, empezar a hacer posibles corporalidades y no cuerpos, porque incluso una transita distintas corporalidades y en ese tránsito por las corporalidades, transita distintas danzas también”. Lia advirtió que se trata de “ver cómo me está interpelando la danza y ver como mi cuerpa interpela a la danza”.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *