GENDARMERÍA Y LOS FASCÍCULOS DEL CEAL

*Por Marcos Ongini

Hace algunos días, volviendo a Leones desde Córdoba, a la altura de Pilar, Gendarmería Nacional detiene el ómnibus y sube. Un gendarme joven, con rasgos originarios, no se presenta ni manifiesta el por qué del control. Camina por el pasillo en dirección al fondo. Al paso nos miramos fijamente a los ojos. Mi mirada le dice demasiadas cosas, es irascible por todo lo que están haciendo quienes lo mandan a vigilarnos. A la vuelta, se detiene y me pide documentos. Exige que le muestre lo que contiene mi mochila. La abro: tengo un par de cuadernos de apuntes, un libro de Adriana Puiggrós y unos fascículos del Centro Editor de América Latina (CEAL), publicados en 1969, 1970 y 1980, sobre literatura latinoamericana del siglo XIX, la historia del teatro argentino, la filosofía de Platón; regalos de una estudiante del profesorado.

-Decile a la “pato” (Patricia Bullrich), que no llevo armas ni drogas, llevo Educación y Cultura, le comento en un tono nervioso pero sonriendo.

Cuando el gendarme bajó y el ómnibus siguió su marcha, descargué mi enojo con una puteada. Alguien que estaba cerca asentó con otro insulto. Inmediatamente pensé en el debut represivo de la Gendarmería en la masacre de la comunidad originaria pilagá. Pensé en la quema de un millón y medio de libros del CEAL por la dictadura en 1980. Pensé en los libros prohibidos y en lxs docentes perseguidxs y desaparecidxs. Pensé en estos fascículos que zafaron del plan sistemático de represión cultural, quizás, porque alguien los escondió muy bien. Pensé en la impunidad de las muertes de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, Rodolfo Orellana y Marcos Soria. Pensé en la situación socioeconómica que viviremos el año próximo con un presupuesto acorde a las exigencias del FMI que recorta fondos en salud, educación, ciencia y tecnología. Pensé en el desempleo, el hambre y la pobreza planificada. Pensé en la represión como política de Estado. Pensé en el nuevo reglamento impulsado por la ministra de Seguridad que habilita a las Fuerzas Policiales y de Seguridad Nacional a disparar por la espalda sin dar voz de alto (Resolución 956/2018), haciendo oficial la “doctrina Chocobar” y el gatillo fácil. Pensé en el adormecimiento y la indiferencia de la sociedad argentina, en la aceptación de la militarización de la vida cotidiana.

Hoy me pregunto: ¿Hasta cuándo será aceptado pensar con un Gobierno de estas características?

 

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