Argentina será toda socorrista

Esta semana vivimos un momento histórico, la posibilidad de que el aborto legal, seguro y gratuito sea ley. Llegar a este momento implica años de lucha, años de caminar las calles, años de debates, de encuentros, de reflexiones colectivas, años de generar herramientas para acompañarnos entre nosotras. Y más. Esta lucha deviene tras años y años abortando. Abortando en cualquier lugar, en cualquier condición.

Este jueves 9 de agosto a la madrugada, el Senado rechazó el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo que anteriormente había sido aprobado por la Cámara de Diputadxs de la Nación. 38 fueron los votos en contra, 38 son los votos a favor del aborto clandestino. 38 responsables de cada muerte o cada mala práctica que afecten la salud de cada cuerpx gestante, que pueda suceder de aquí en más. Por que sí, seguiremos abortando; porque el aborto existe, existió y seguirá existiendo.

El Senado votó en contra, pero las calles y la lucha votan a favor. ¿Duele? Claro, duele. Duele que la posibilidad de garantizar el derecho a acceder a abortos seguros y gratuitos a cada mujer y cuerpx gestante, haya estado en manos de un recinto de senadores irresponsables, que demostraron no comprender en absoluto el lugar que ocupan, el de entender y abordar las demandas de la sociedad. No les bastaron tantas manifestaciones, tantos gritos reclamando con fervor por el derecho a decidir, tantas muertes por abortos clandestinos. Porque lo que está en juego es eso, nuestra libertad. La libertad de poder decidir sobre nuestros cuerpos y nuestros deseos- cualquiera sea la razón que mueva a esas decisiones- y de que el Estado, a través de políticas públicas garantice esto. La libertad justamente, a gozar de nuestra vida y decisiones plenamente.

Bajo la lupa de las religiones y esa “moral” que dice defender las dos vidas, lxs senadores no hicieron más que perpetuar esta lucha. Porque a nosotrxs no nos mueve un capricho absurdo de imponer nuestras convicciones por sobre las del otrx. A nosotrxs nos mueve el deseo de poder decidir y de poder generar herramientas, todas las que sean posibles, para que dejen de morir mujeres en abortos clandestinos, para que podamos acceder a un aborto de forma gratuita, justamente para que todas podamos acceder a un aborto y que, por otra parte, esto también deje de ser un negocio para algunxs médicxs.

Pero… hablando de la libertad, eso es lo que les asusta. Intentan imponerse sobre nuestros cuerpos. Escondidos tras sus religiones- las mismas que se imponen ante sus propias capacidades de decisión- y fetos de cartón, intentan coartar nuestra libertad, nos quieren sumisas, nos quieren como recipientes donde volcar sus intereses. Nos quieren imponer maternidades que no deseamos. Nos tienen miedo porque no tenemos miedo.

¿Cuál es la lucha de quienes dicen defender “las dos vidas”? Si el aborto hoy sería legal, seguro, y gratuito, nada habría cambiado en la realidad de sus vidas, de sus días, seguirían decidiendo no abortar. En cambio, si el aborto hoy sería ley, para cada mujer y cuerpx gestante esto resultaría en la garantía de un derecho. Sería un derecho más, conquistado. Nos volvemos a preguntar, ¿cuál es su lucha? ¿qué es lo que ponen en juego? De nuestro lado, desde donde nos paramos y caminamos, lo que está en juego son vidas de mujeres que mueren en abortos clandestinos. Lo que está en juego es poder decidir cómo, cuándo y con quién realizar un aborto.

No perdimos. Avanzamos en la posibilidad de que sea ley. Nos queda la seguridad de que va a ser ley, porque ya somos imparables. Ganamos en cada abrazo, estamos hermanadas y vamos a seguir tendiendo redes que nos aseguran que no estamos solas. Solas nunca más. Nuestros cuerpos, nuestras decisiones y nuestros deseos no caben en un recinto de senadores, está claro. Esta marea verde sana, empodera y abraza.

A vos, que decís defender las dos vidas, te decimos que la mejor manera de defendernos, es dejarnos decidir.

*La imagen es de Eloisa Molina. 

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