Derechos humanos: un significante en disputa

Por: Clarisa Mathot y Valentín Alaniz

El aborto como Derecho Humano o una violación de los Derechos Humanos

 La lucha internacional del movimiento de mujeres tiene su correlato en la República Argentina, nucleada entre las múltiples y diversas expresiones en el Encuentro Nacional de Mujeres que surge desde 1986. Las Madres de Plaza de Mayo marcaron un importante precedente en la organización de mujeres argentinas.

Luego de numerosos encuentros y 13 años de campaña, el aborto, definido por el feminismo como “una deuda de la democracia” irrumpe con fuerza para pasar de lo privado y clandestino a la agenda política, llegando a tratarse en el Congreso de la Nación Argentina, en un debate histórico en que tuvo lugar durante 24 horas el 13 y 14 de junio de 2018, el cual arrojó como saldo la media sanción de Ley en Diputados. Aquí, se vio cristalizada la gran polarización que tuvo correlato en la magnitud de la movilización social, mediática y política que se introdujo en la escena pública en los últimos meses, trascendiendo la “grieta” política-partidaria, que se vio desbordada frente a una discusión capaz de tensionar a la política tradicional.

Dos grandes colectivos disputan la significación de  Derechos Humanos. Una parte, intenta inscribir la demanda del aborto legal, seguro y gratuito en los Derechos Humanos. Mientras que la otra, advierte que aquel reclamo implica, por el contrario, una violación a los Derechos Humanos.

Lo interesante aquí es la re-significación del concepto de Derechos Humanos que intenta inscribir el movimiento feminista, poniendo en tela de juicio el rol del Estado y la sociedad en cuanto a la criminalización de la mujer ante dicha práctica. Los que se proclaman en contra, contribuyen a replicar un histórico ejercicio de dominación sobre el cuerpo de las mujeres y aboga por la construcción de un sujeto de delito a través de la deshumanización, condenando a las mujeres a la clandestinidad e invisibilizando la problemática.

Este discurso de injuria y deshumanizante, que manifiesto en los interiores del Congreso como así en las calles, opera en la quita de la condición humana de la mujer comparando y subordinando a la misma con perros y marsupiales, y condenándolas a lo delictivo, de forma tal que desplaza la reivindicación de la decisión sobre su cuerpo, inscribiéndola como un sujeto de delito. Este discurso de deshumanización intenta borrar todo rastro humano para que así sea justificable toda violencia, genera de este modo personas con derecho a su humanidad y personas que no lo poseen: estratificaciones de humanidad, vidas que merecen ser vividas y muertes que no merecen ser lloradas.

Foto: Eloisa Molina de la Marcha Ni Una Menos en Villa María

La invención del Movimiento de mujeres

Nietas infieles de una herencia Legada

“Articular el pasado históricamente no significaría reconocerlo tal y como ha sido. Significa apoderarse de un recuerdo que relampaguea en el instante de un peligro”

Walter Benjamin

Foto: La Retaguardia – Extraída de La Tinta

El instante de peligro

¿Qué peligro hace relampaguear el pasado en el presente? ¿Qué discursos y acciones del Estado/sociedad nos ponen en alerta?

Existe un espacio donde el estado de excepción es la regla y donde la situación extrema se convierte en el paradigma mismo de lo cotidiano (Agamben, 2016). Ese lugar es el campo de concentración. ¿Cómo es posible hablar de campos de concentración, característicos de regímenes de Estado Terrorista, en tiempos de Democracia? Puede que la política en la actualidad se ha transformado en el espacio donde convivimos con estos campos a cielo abierto como paradigma de biopolitica en los Estados modernos de dominación, que adoptan la forma de lo cotidiano y -a la vez- invisibilizados. Esta es la realidad del campo, el cual es habitado por muchxs sujetos que viven en el marco formal de una Democracia y Estado de derecho, aunque paradójicamente no pueden ejercerlos plenamente. La mujer, en Argentina, no escapa a esta noción, en tanto es vista como una ciudadana de segunda categoría o, un sujeto que transita una vida precaria que no merece ser vivida, ni llorada. Es por eso que se plantea un cambio en la forma tradicional de hacer política, ya que la política como marco institucional – lo instituido, las instituciones- reproducen dichas prácticas. Ante esto se plantea el interrogante ¿cómo hacer política desde el campo? De esta manera el movimiento de mujeres emerge con fuerza desde la clandestinidad del campo -al cual las somete el Estado- para visibilizar sus demandas y reclamar por un derecho que les es negado: la decisión sobre el propio cuerpo gestante- hoy penalizado -y que constituye a la mujer como un sujeto del delito y, por consiguiente, la inscribe en la clandestinidad. Es en esta invención del movimiento de mujeres frente a la tendencia de las democracias occidentales, donde se intenta desbordar el estado de excepción para reivindicar la lucha por la emancipación en estas condiciones: desde y en el campo, emergiendo desde la clandestinidad, para romper con el lugar de otredad y de invisibilidad asignado.

El Pasado que relampaguea en el Presente: Legado histórico y herencia simbólica.

En el discurso Capitalista, se encuentra implícito la construcción de un sujeto, sin legado histórico, ni herencia simbólica, es por esto que el tiempo preferido del neoliberalismo no es el pasado, ni el presente, sino el futuro. Romper con las herencias y grandes identidades, es esencial para este sistema, ya que el poder se afianza amputando los referentes, volviéndonos manipulables. Aun así, sostener esas referencias puede volverse una pesada carga sobre nuestras espaldas en tanto no logremos, como lo expone Derrida (2003), ser fieles a esa herencia – de la única forma- siendo infieles. El sentido de aquello que nos es legado posee un doble significado. Por un lado, nos referimos a la herencia como algo que se reafirma “anterior a nosotros” y que recibimos antes de elegirlo y comportarnos como sujetos libres y por otro lado, apropiarnos de ese pasado -que es inapropiable en su totalidad- para resignificarlo y darle vida de una manera diferente. La de-construcción de la historia heredada demanda “responder a” aquello que nos legaron, al presente y lo que legaremos, en una acción de decidir, donde también hay selección y por ende exclusión, dejar caer, y agarrar, en nombre de la herencia pero con otro nombre diferente: esto es lo que, contingentemente, resignifica nuevas alianzas y arenas.

Ahora bien, ¿Cómo enmarcamos lo dicho, en el proceso actual que se abre al acontecimiento y se acontece, del movimiento de mujeres en Argentina? ¿De qué símbolos se apropia y responsabiliza? ¿Cómo podemos ser fieles en la infidelidad a la herencia y tradición de la lucha por los derechos humanos legada?

El feminismo, como movimiento masivo que incorpora nuevas generaciones jóvenes de mujeres, reapropia símbolos heredados y los resignifica, generando un nuevo marco de alianzas, reivindicaciones y luchas.
Este es el caso, del símbolo del Pañuelo verde designado como estrategia de lucha por la Campaña Nacional del Aborto.  El color del pañuelo es elegido por ser un color que refleja simbólicamente la vida y escapa, según la asamblea de Mujeres de 2003/2005, a las identificaciones partidarias nacionales, lo cual reafirma el carácter instituyente y movimentista, al margen de las instituciones tradicionales y clásicas de la política. Pero es el uso de un pañuelo lo que adquiere real relevancia: el pañuelo verde triangular con una cinta doblada en diagonal blanca remite a la lucha de las Madres de Plaza de Mayo que utilizan como símbolo desde la dictadura cívico, eclesiástica militar hasta el día de hoy.

Foto: Extraída de La Capital

En nuestro pasado reciente, aquellas mujeres, que en el dolor por la desaparición de sus hijos e hijas buscaban respuestas en un Estado que se las negaba sistemáticamente tendieron lazos para con otras madres que estaban atravesando la misma situación. En ese primer acto las mujeres se fortalecieron, y descubrieron que el horror es algo que no sólo les pasaba a ellas sino también a muchísimas otras, porque tenían en común haber sido madres y haber perdido un hijo. Es ahí, donde fundan el hecho político y constituyen, inscriptas en el espacio público, su identidad de Madres de Plaza de Mayo y por lo tanto devienen en sujeto político.

Tuvimos que acostumbrarnos a la vida pública, a las nuevas relaciones, a que nuestra intimidad ya no fuese la misma, a viajar mucho, a tener otro lenguaje, a prepararnos para la discusión con gente del poder, a hablar en los medios de comunicación y a ser reconocidas por la calle. Yo diría que nos hicimos mujeres públicas. (Cortiñas, 2018).

Ese pasaje de lo privado e individual, a lo público y colectivo, a lo político, las llevo a ocupar espacios desconocidos hasta el momento, y se convirtieron en icono nacional e internacionalmente de lucha, que es tomado como herencia histórica para el movimiento de Mujeres el cual hoy reclama en el marco de la discusión por la IVE como un derecho humano, que la maternidad será deseada o no será.

La herencia nos signa tareas contradictorias, como expresábamos, recibir y escoger, y es entonces como el feminismo se apropia del símbolo del pañuelo, como símbolo de lucha, de lazo social entre mujeres protagonistas que hacen frente a un Estado que encarno el horror y la aniquilación, por fuera de toda practica tradicional, e invencionan en un “hacer como”, significando estos lazos como sororidad y unidad de las mujeres frente a la exclusión y marginalización sistemática, y no solo circunscribirlo a demandas cerradas, sino en la potencialidad de ser un movimiento de articulación social de otras demandas subalternas.
Esta es, para nosotrxs, la capacidad y potencia transformadora, tanto de las Madres de Plaza de mayo, como el “saber hacer” con esta herencia del Movimiento de Mujeres en Argentina convirtiéndose en un acto político de la memoria reciente de nuestra historia.

*La ilustración de portada le pertenece a Diego Abu Arab, fue extraída de La Voz del Grito

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