Madre Chicha, cuando la raíz florece

Por Julieta Pollo para La Tinta

De pequeños la cumbia y el folclore se les entreveró en el alma. La música popular brotaba de las ventanas abiertas, de las despensas, y se desparramaba en las calles de tierra donde jugaban. Desde Chimpay Río Negro, Victorica La Pampa, Puan Buenos Aires, Bell Ville Córdoba y Lima Perú llegaron al interior de Córdoba que los congregó en torno a la Licenciatura en Composición de la Universidad de Villa María, la única en Argentina (en ese entonces) orientada a la música popular y una de las primeras de Latinoamérica.

Con el alma hecha a la medida del barrio que los vio crecer, los Madre Chicha le dan una vuelta de tuerca a los sonidos de la música popular latinoamericana con un pulso electrónico y la vena de su rima ardiente que es a la vez denuncia y celebración de estas tierras.

En 2004 debutaron con un disco homónimo y un año después lanzaron Viaje a Motelo Mama. Actualmente están presentando su último trabajo, La leyenda de Simpira (2017). También organizan la Peña de Madre Chicha donde se reúnen con bandas de folclore, salsa, murga y rock con la idea de “abrir la cancha” a una multiplicidad de artistas de distintos palos. Se sienten los más rockeros en un festival de cumbia y los más cumbieros en un festival de rock porque, lejos de acomodarse en una fórmula determinada, creen que la experimentación es clave. Entran y salen del gran paraguas de la cumbia electrónica porque consideran que el descubrimiento propio de su andar es materia viva y refrescante.

La tinta conversó con Pedro Cabal Somoza y Gustavo Hernández, quienes conforman el combo Madre Chicha junto a Fausto Vercellino, Carlos Loarte Flores, Jairo Emil y Lucas Heredia Brzeczka.

—¿Cómo surge Madre Chicha?

—Pedro: El proyecto nace de una forma media rara o que no estábamos tan acostumbrados a laburar… veníamos todos de hacer bandas y juntarse a tocar, y en este proyecto particularmente fue todo al revés: arrancó de estar sentados frente a una computadora. Del beat pasamos a los instrumentos. Yo estaba en México en ese momento, y Fausto me manda, desde Córdoba, unos audios de un proyecto nuevo en el que estaban trabajando y bueno, ahí empezó todo.

—Venían de distintos palos musicales pero no todos vinculados al sonido digital ¿cómo fue el camino de aprendizaje y exploración de la cumbia digital?

P: Es un poco intentar digitalizar tu tierra y hacer tierra lo digital, es una lucha interna re linda que se da cada vez que nos ponemos a componer. Por supuesto que nos influenció la movida de la cumbia digital porque ahí nos encontramos y fue el punto de partida para seguir construyendo cada uno desde su parte. Se dio que somos todos de pueblo, escuchamos cumbia de chicos y tenemos un gran amor por esa música, no solo por el gusto y el disfrute mismo, sino por la historia personal de cada uno de nosotros.  La cumbia es un espacio de construcción colectiva muy lindo porque construye desde la liberación, la felicidad… es un momento tuyo y de todos los que están compartiendo con vos.  Esa energía es lo que más nos motiva a seguir. La cumbia te suelta, te invita a bailar, a perder la vergüenza… te libera.

Foto: Colectivo Manifiesto

—Gustavo: Es la música de la vida… de chiquitos curtimos los bailes de cumbia de los pueblos y también las peñas de folklore. Y después cada uno hizo su camino en distintos estilos musicales, así que todo eso confluyó en Madre Chicha. Nos pasa que en una fiesta de rock nos sentimos re cumbieros y en un festival de cumbia somos re rockeros… es parte de la búsqueda que tenemos. Viaje a Motelo es más rockero y acústico, tiene batas grabadas…En La venganza de Simpira hicimos todo con programaciones.

P: Apuntamos un poco más a la fusión, no plantearnos tanto como una banda de rock porque no sentimos que seamos solo eso. Pensamos que hoy no podes decir ‘hago esto y solo esto’ porque estamos todo el tiempo influenciados culturalmente, vivimos tiempos de transformaciones cada vez más cortos entonces siempre tenemos esa cuestión de la fusión como raíz, nada está aislado y todo lo que traíamos se mezcló.

G: Y también que ahora nos sale esto y capaz mañana estamos tocando otras cosas… estamos aprendiendo.  Tenemos ganas de aprender cosas nuevas y también vamos descubriendo otras en el camino: por ejemplo cuando fuimos a Lima, Perú, ni el bajista ni el batero pudieron ir. Entonces Pedro llevó el octapad y, aunque era la primera vez que lo tocaba, la rompió. Entonces también de ir adaptándonos y descubriéndonos. Es muy gratificante laburar juntos porque surgió principalmente de ser amigos… uno piensa algo y el otro ya lo sabe. Por ahí no sabés cómo explicarles una idea y ellos ya lo entienden. E incluso cuando hay una idea que no va, nos lo decimos y está todo bien.

—Así como los ritmos recuperan el latido híbrido de la música popular latinoamericana, sus letras también se centran en temáticas que brotan de esta tierra, ¿se debe a una decisión política consciente o es simplemente lo que fluye cuando se ponen a escribir?

P: La música que estamos haciendo en el momento en que la estamos haciendo tiene mucho más significado que descontextualizada.  A mí me interesa que si de acá a un par de años alguien dice ‘ey, ¿qué pasaba en 2017?’ pueda escuchar y decir ‘y… las cosas estaban más o menos así’.  Quizás uno piensa que tiene una lectura re completa de la situación y no entiende un carajo, pero al menos intentamos hablar de lo que vemos. Creo que en el último disco estamos más enojados digamos jajaja.

G: Yo lo veo de afuera pero creo que las letras salieron muy naturalmente… vos tirás un beat y los chicos te escriben la letra en media hora, tienen una gran facilidad. No fue decir ‘hablemos de esto’ o quemarse la cabeza. Salió de la bronca me parece.

P: Madre Chicha también es el primer proyecto en el que con Fausto nos planteamos como cantantes solamente. Siempre que me presenté en vivo fue con la viola y parece una gilada pero es alto escudo. Cuando no tenés nada al principio no sabes qué hacer con las manos. Otra cosa que tuvimos que aprender fue ‘¿qué vamos a hablar?’… ‘ya fue, cantemos nomás’ jaja.

Foto: Elias David

—La canción de protesta resurge con otros códigos y lenguajes, pero con la misma fuerza, ¿no? ¿Qué lugar ocupan esas propuestas del siglo pasado en lo que ustedes hacen hoy desde otro género?

P: Y… tiene que ver con la música que escuchamos, con la que crecimos, con nuestras familias. Mi viejo por ejemplo es muy fanático de Zitarrosa, con Fausto somos muy fanáticos de León Gieco… y eso fue un poco los que nos hizo sentirnos como hermanados cuando nos conocimos hace un montón de años. Entonces siempre estuvo esta cuestión de decir algo, sino haríamos música instrumental.

Lucha descalza y muere tranquila, madre latina, madre Gatica.
Un pueblo sin armas cargado de conciencia, las madres luchando pidiendo clemencia.
La muerte que rasga nuestros vestidos, los hijos enfermos, los abolidos.
Lluvia de gases, agente naranja, la muerte en la granja sembrando miseria.
La resistencia contra el opresor, multinacional es el nuevo color.
El gringo del campo acumula riquezas y en nuestras cabezas despierta un tumor.
Con dólares compran la vida de un pueblo espero les pase algo mucho peor.
La justicia es lenta, el poder es amigo de aquellos que miran su propio ombligo.
Te metes conmigo, te metes con mi gente y abrazas sin asco la vereda de enfrente”. 

—Cuéntenme un poco sobre la canción Madre Gatica ¿cómo surgió? ¿saben si ella la escuchó alguna vez? 

—P: A Sofía Gatica la conocimos en unas jornadas que se hicieron sobre ambiente en la Universidad de Villa María, cantamos el tema y ella no sabía qué decirnos. Debe ser fuerte que te dediquen una canción. En ese momento nos estábamos enterando de todo el quilombo con Monsanto y nos indignamos… fue una sensación bastante fuerte. Eso nos abrió musicalmente, mas allá de la letra -que la temática está clara porque es una historia de una ciudadana de acá que nos tocó bastante cerca-, nos hizo pensar en lo musical, en el folklore, en la tierra en que eso sucede que es la tierra que somos identitariamente. En lugar de respondernos algo nos planteó muchos interrogantes. Y conocerla a ella nos flashó.

—Además de explorar la raíz latinoamericana en lo estrictamente musical, nutren sus letras con leyendas y mitos de la región, ¿por qué decidieron llamar el nuevo disco nuevo disco La venganza de Simpira?

P: Es una leyenda amazónica… como un bicho de la selva que viene, como dice la letra, a llevar consigo toda la maldad. Y es una canción que está en el disco anterior como interludio instrumental entre dos canciones. Decidimos retomar esa idea y desarrollarla. Tampoco tiene una quemada de cabezas impresionante, eh.

G: Viaje a Motelo Mama, nombre del segundo disco, es una leyenda peruana de una tortuga gigante que tiene una ciudad en el caparazón… y no la pensamos mucho, simplemente nos encantó.

—¿Cómo es la movida cultural en Villa María?

P:Hay una comunión muy grande entre las bandas, que supera la cuestión de los géneros… también hay una movida muy linda en Villa María de teatro, poetas. Es casi familiar el ambiente porque sigue siendo chiquito. Y entre ese público hay gente que viene del cine, del diseño, y se empieza a laburar juntos.

—En los lugares pequeños ¿es más fácil o más difícil construir desde la autogestión? 

G: Y… es un camino de aprendizaje en general la autogestión. Viaje a Motelo fuimos a grabarlo a Buenos Aires con Juanito El Cantor y el disco nuevo ya lo produjimos nosotros, es un disco 100% casero. Por ejemplo los videos nos los hace el hermano de Fausto y está re copado con la banda, siempre nos tira la mejor. Eso también hace que sigamos creciendo en el camino autogestivo.

P: Hasta hace un tiempo formábamos parte de un sello que se llama Basura Discos que era una plataforma web donde hay un montón de proyectos de varios géneros, lo cual está muy bueno. Y ahora, para el disco nuevo, estábamos a punto de armar un sello pero decidimos volcarlo en un colectivo artístico más que sello web. Y lo canalizamos así porque nos gusta trabajar una propuesta estética integral… fue algo que fuimos aprendiendo con la banda y fe zarpado: planear el show como un show realmente. No es solamente subirse a tocar.

—¿Se puede hacer de la música tu oficio principal hoy por hoy?

G: Es el oficio que queremos hacer toda la vida, tenemos claro que esto es lo que queremos hacer, música. Y de a poquito va queriendo… a veces estamos re tirados, porque es así estando en condiciones de trabajo tan lamentables, pero los seis queremos vivir de esto.

 

*Las imágenes son de Colectivo Manifiesto para La Tinta.

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