Un Amante del juego entre la libertad y la actuación

Nos encontramos en Escena con Juan Pablo Amante, artista multifacético, y nos contó su recorrido en la actuación y en la interpretación de personajes múltiples. Además, comentó sobre los espacios físicos en los que desarrolló diversos proyectos, lugares que cambiaron la forma en que se percibía el teatro en la ciudad, y relató como esos espacios y el arte atravesaron su vida desde muy pequeño.

Entre sonrisas, de esas que le caracterizan, Juan Pablo Amante nos contó que comenzó a actuar hace 12 años. Según manifestó, su primera experiencia en teatro no la disfrutó porque era un teatro más tradicional, “el clásico teatro de living, todo muy pautado, la voz, los movimientos, más naturalista si se quiere”. Además, comenta que le costó la búsqueda del actor, o de salir, de proyectar la voz, “era muy tímido”, agrega. Explica que su idea era comenzar a asistir a un taller para encontrar herramientas para desarrollar toda una línea de teatro, que hace actualmente en Escena, como forma de “laboratorio” a la que llama “teatro del oprimido” que es una línea de teatro social ligado a Paulo Freire, Augusto Boal, entre otrxs. Cuenta que allí surgen charlas sobre la sexualidad, la represión a ésta por parte de la iglesia; es decir, se cuestionan al teatro más allá de lo que vemos en los escenarios, con una visión más crítica y a la vez personal.

Juan habla sobre “El Estilóbato”, casona cultural que “marcó una diferencia de lo under en la ciudad”. Comenzó a asistir como público y veía ese tipo de teatro como más grotesco, burdo, espontáneo, clown. “Ellxs tenían el estilo circense y me encantaba, de verdad lo disfrutaba”. Hasta que, el último año antes de que cerrara el espacio, se sumó a actuar allí sistemáticamente y nació “Ubel Ubelto”, un personaje que canta bolero, el cual interpreta actualmente: “Ahí me sentía muy cómodo con el teatro” dice Juan Pablo.

Cuando cierra El Estilóbato forman “KESKESE’ Artistas de Teatro & Varieté” en el que se juntaron músicxs, actores/actrices, malabaristas, acróbatas y artistas plásticxs con la característica de que no tenían directorx ni espacio físico. Entonces la condición era fusionar libremente con la idea de sacar el teatro afuera, y no que la gente vaya específicamente a ver una obra. Así, comenzaron a hacer intervenciones en la calle y en bares en los que hacían “café concert” donde estaba rota la “cuarta pared” y el público está presente. “Me acuerdo que cobrábamos 5 pesos por persona”, agrega.

En ese tiempo Juan Pablo abre Bau Haus, donde actualmente se encuentra el bar “Polaroid”. Cuenta que fue de casualidad y a la vez no, pero de pronto KESKESE´ tuvo un espacio donde ensayar y actuar para el público los jueves y domingos. Con el tiempo se fue convirtiendo en un centro multicultural -camuflado- porque “la figura siempre fue bar para poder sostenerlo, pero la función era otra.”

Con el tiempo Amante decide vivir en el primer piso y nos cuenta: “de verdad eran mis muebles, no era que había una decoración para la casa, era mi casa donde vos podías ir un fin de semana a ver música, o una muestra”. El permiso era “hagan lo que quieran” entonces había días que se hacían muestras en el pasillo, o hacían espectáculos en la pileta y hasta en su propia cama. “Siempre fuimos independientes, siempre hicimos lo que quisimos”, explica.

Lxs artistas y el público se fueron apropiando del lugar, quizás por esta característica de que esté ambientado realmente como la propia casa. “Hay algo de intimidad de esos espacios que no es lo mismo que ir a un anfi”, expresó. Además, allí comenzaron proyectos que siguen vigentes hasta hoy, como la Jam de Jazz, y comenta que gracias a este espacio conoció un “abanico” de artistas de la ciudad porque se juntaban a “cranear” y llevar adelante ideas en conjunto.

Una de las debilidades que encuentra Juan en mantener espacios como Bau Haus y Escena es principalmente la cuestión económica, pero además destaca que lleva mucho tiempo ya que se necesita estar presente, no solo en el espacio sino también fuera, pensando, creando contactos, organizando.

Entre mates nos cuenta sobre su actual espacio, Escena: “cuando pensamos este lugar ya sabíamos qué colores queríamos, que teníamos que tener si o si, que identidad tenía que tener, todo”. Comenta que, más allá de que hayan puesto una “caja negra” el escenario se crea donde cada unx quiera, y que le gusta que se vea el backstage, el armado y desarmado de las cosas, si se está cambiando de personaje. “En Escena cuidamos los detalles, forzamos para que sea un sello”, dice.

Ahora se llevan a cabo distintas actividades fijas como el “antro milonguero” (ex milonga La Morocha), el Slam de Poesía, teatro o bandas los domingos, la jornada de ilustración “Drink and Draw, la Feria Analógica, un taller de laboratorio de “teatro del oprimido”, otro de teatro leído, hubo clínicas de teatro espontáneo, de stand up, muestras. También se usa el espacio para hacer fotos, o audiovisuales. “Fiestas no, siempre supimos que era más  tranquilo que queríamos”, agrega Juan.

A la reunión llega Valeria Valls, también actriz y amiga de Juan Pablo con la que emprendieron proyectos juntxs y comenta sobre cómo tienen que lidiar en la ciudad en cuanto a permisos para realizar espectáculos: “me parece que estos espacios culturales dan lugar a poder presentar y mover cosas sin la cuestión burocrática que por ahí frena a que sucedan un montón de cosas.”

Foto: Annette Morale

En cuanto a su carrera como actor, Amante cuenta que todo este tiempo no tomó la dimensión de todo lo que había hecho hasta que creó su página y se dio cuenta de que había hecho 16 personajes. “Antes lo vivía como el día a día y si no te parás a ver no lo sistematizas”, agrega. Sobre su mirada del arte expresa: “Lo entiendo como la posibilidad de que cualquiera puede hacerlo, no es que a unxs lxs toca una varita mágica y el otrx es un simple mortal, eso me parece medio pedorro. Todxs podemos ser lo que queramos, solo tenemos que darle, siento eso”.

Considera que desde las intervenciones de KESKESE´ y de su estilo propio se captó a ese público que antes no iba al teatro y que ahora se entera de una obra y quizás va e invita a alguien. Valeria explica que a veces pasa por el “miedo de ir y ver esa obra eterna”. Juan comenta que hace unos años, para un 24 de marzo hicieron la “Muestra local de identidad” que era un tema bastante cargado de contenido, pero la gente iba y se entretenía. El empeño no lo ponen en qué  quieren transmitir sino en cómo hacerlo.

Teatro para la liberación

Juan Pablo refiere: “Actualmente doy clases en un taller de teatro del oprimido para chicxs, pero no soy profe; de hecho, soy autodidacta y mi formación tiene que ver con que tomo clases con quien me gusta”, y explica que no estudió teatro “académicamente”. En relación a sus clases, percibe que es muy liberador para lxs niñxs y que siempre en esos encuentros transmite la idea de que todxs actuamos inconscientemente en distintos espacios y con distintas personas.

Valeria explica que el teatro es para entrar en contacto con las emociones: “es fuerte porque siempre nos distanciamos de eso ‘no llores, no te portes mal, no hagas esto’ y con el teatro redescubrís siempre desde vos mismx, por más que tengas un libreto”.

Finalmente, Juan cuenta: “Me parece que el teatro me puso en jaque un montón de cosas y a la vez, es como que ‘destaparon una olla’”.

Fotos: Juan Odella.

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