Hijxs de genocidas: la historia se reconstruye; 30.000 motivos por memoria, verdad y justicia

El miércoles 16 de mayo en la ciudad de Rafaela (Santa Fe), se desarrolló la charla “Pariendo memoria y futuro”, organizada por el Espacio de la Memoria de la ciudad, que contó con la participación de Analía Kalinec, integrante del colectivo “Historias desobedientes. Hijos e hijas de genocidas”. La Ventolera tuvo la posibilidad de dialogar con ella, para lograr conocer de qué se trata este grupo y qué intenciones tienen.

A los 24 años recibe un llamado telefónico de su mamá diciéndole “mira, no te asustes, pero papá está preso”. Nació en el 79, nunca había vinculado a su papá con el accionar de la dictadura. “Además, yo crecí en años de impunidad, durante toda mi escuela secundaria estos temas no eran abordados y mucho menos al interior de la casa”, afirmó.

Fue el advenimiento de los juicios, la lucha de las madres y abuelas y el estado mediático que adquirió la situación, lo que le permitió conocer que su papá tenía vinculación con la dictadura. Analía nos cuenta que, en ese contexto, su papá llama a ella y a sus hermanas para decirles que no tenían que creer nada de lo que se iba a decir, “lo fui a visitar religiosamente a la cárcel”, agregó. En estos momentos, todavía adhería -señala que desde un lugar de ingenuidad, ignorancia- al discurso familiar, que negaba el accionar de Eduardo Kalinec.

Empiezan las preguntas

Analía estaba dando sus primeros pasos en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, había empezado a trabajar en la escuela pública, su hijo mayor comienza el jardín, también en una institución pública y fue en ese momento, cuando comienza a replantearse algunas cosas. Comenta sobre los sentimientos encontrados que provocaba el hecho de no poder dudar por cuestiones de afecto o de familia, de crianza; “al interior de la familia él era un padre presente, afectuoso, eso también le da un condimento distinto a la historia”, señala. Empiezan las preguntas internas, “con un poco de culpa por dudar de la palabra de él”.

Hasta que, en el año 2008, se produce el punto de inflexión, año en que nace su segundo hijo y se eleva la causa a juicio oral. La desobediente resaltó: “En ese marco, ya la duda que uno abriga todo el tiempo se hace insostenible, y digo: bueno, yo necesito saber la verdad, necesito saber lo que pasó; leo la causa, empiezo una serie de investigaciones intrafamiliares, para tratar de entender”. Finalmente decidió hablar directamente con él, se dirige a visitarlo a la cárcel de Devoto, “en su intento de justificar su accionar me termina confirmando lo que tanto miedo me da, su participación”.

“Se produce una inflexión en la historia, porque mi familia, frente a mis preguntas, lo que hace es expulsarme, tratarme de traidora”, define Analía. Nos cuenta que, desde ese momento, comenzó un camino solitario en relación a lo que son los vínculos primarios, pero que la protege el hecho de contar con su compañero, hijxs y amigxs, “pero también siempre con un costo afectivo alto, es un camino que uno elige hacer, también para poder sobrevivir, porque la otra opción es negar lo que pasó o justificarlo, que no estaba dentro de mis posibilidades”, definió.

¿Hay algún dato, desde la información a la que accediste sobre lo que hacía tu papá, que te llamó más la atención?

Analía sostiene que, el hecho de leer los testimonios fue triste y doloroso, porque implicó ubicar una faceta de su padre que resultaba muy cruel. Luego, contando con herramientas de la psicología, manifiesta que hizo un intento de ubicar a su papá como objeto de estudio, preguntándose cómo pudo llegar un ser humano a eso, siempre buscando entender. “En ese marco, empiezo a hilvanar la historia familiar de él, y en su alias ´Doctor K´, yo empiezo a rastrear que mis abuelos tenían como proyecto que él fuera doctor. Entonces cuando él les comunica que iba a ser policía, mis abuelos lo desaprueban, me resulta muy paradójico y hasta siniestro que él terminó siendo el Doctor K”, comenta Analía. A la sala de tortura le decían “el quirófano”, la mujer cuenta que también esto implicó ubicar ahí su participación, entender que por la edad de su padre (ahora tiene 66 años), en ese momento con 24 o 25 años, “él no era el que daba las órdenes, sino el que las ejecutaba, los testimonios lo ubican ahí”.

Historias desobedientes y con faltas de ortografía

Entendió en ese momento que resultaba sanador, además de empezar a contar su historia, escribirla. En ese marco, comienza un registro narrativo, que por un tiempo estuvo guardado y luego fue retomado, al morir su madre. En un intento de no perder esta información, una amiga le sugiere que se cree una página de Facebook para subir allí sus relatos. “En ese sentido yo lo hice, y también por pensar que tenía que haber otras personas a las que les esté pasando lo mismo”, así, abre la página en septiembre de 2016.

En este contexto, había salido un libro “Hijos de los 70”, donde aparece su testimonio, que por otra parte llega a Lili Furió, quien también tenía a su padre condenado por crímenes en Mendoza, las dos mujeres se ponen en contacto, y esto fue el puntapié de lo que hoy es Historias desobedientes.

El fallo del 2X1 de la Corte Suprema de Justicia, encontró a Analía y a Lili juntas marchando en la plaza. A pocos días de esto, sale una nota en la Revista Anfibia en relación a Mariana, hija de Etchecolatz titulada “Marché contra mi padre genocida”. “Cuando me llega esa noticia, la llamo a Lili y le digo: somos tres”. Desde ese momento, empezaron a contactarse y a conocerse con otrxs hijxs que sentían también la necesidad de empezar a reunirse.

El 25 de mayo del año pasado, fue la primera reunión, eran 6 personas. Durante la charla, entendieron que sus historias estaban comenzando a ser abordadas por los medios de comunicación y que éstos preguntaban por alguna dirección de contacto. Analía les comenta que existe esta página de Facebook –Historias desobedientes y con faltas de ortografía– que se vinculaba al tema, adoptan esta identidad como grupo y los empieza a seguir cada vez más gente. “Nos empezaron a llegar mensajes, de medios alternativos, de medios internacionales, pero también, de otrxs hijxs”, destacó.

Y… ¿las faltas de ortografía?

La desobediente comenta que, en su momento, publicó tres textos en Facebook, y unos hablaban de la obediencia de vida, uno vinculado al cuento “Colita de algodón”, que era un cuento que le contaba su papá cuando era chica. Se trata de un conejo que, por desobediente, se lastima. “Entonces yo pensaba, como va instalándose esto de que, por desobediente, te puede pasar algo, esto que yo como maestra reniego tanto, por cuestiones por ejemplo del dispositivo escolar a veces tan estructurado y cuadrado, estructuras que terminan generando sujetxs poco autónomxs, dependientes de que otrxs les digan lo que tienen que hacer”, explicó.

Otro escrito, fue uno titulado “Soy maestra y tengo faltas de ortografía”, Analía lo vincula a la posibilidad de salirse de la norma preestablecida, “yo lo pensaba por ese lado, la palabra ’falta’ como algo que está mal, con algo que ’falta’, esto de convivir un poco con esas faltas de ortografía, y otras faltas más”. Entre risas, nos cuenta que además este nombre resultó significativo, porque cuando comienzan a juntarse, dentro del colectivo la mayoría de los integrantes había tenido dislexia, dislalia, faltas de ortografía en general.

En relación al nombre, también comenta que se generaron discusiones por ejemplo ya que, al imprimir su bandera, deciden poner “Historias desobedientes: hijos e hijas de genocidas”, allí debaten si el término adecuado era “represores” o “genocidas”. Finalmente interpretan que sus padres son genocidas, “porque para nosotrxs represores hay ahora, están reprimiendo jubiladxs, maestrxs, nuestros padres son genocidas”. Por otra parte, incorporan la frase “30.000 motivos”, por un juego de palabras ya que había salido un artículo también en la Revista Anfibia, que se titulaba “Hijos de represores. 30.000 kilombos”.

¿Por qué la primera aparición pública del Colectivo fue un 3 de junio en la marcha “Ni una menos”?

La representante del colectivo nos cuenta que esto fue una decisión política. En ese momento eran todas mujeres. Ese día se acercaron dos compañeras más.

Además, destaca que Lili Furió, militante feminista, propone que es importante “aparecer” ese día, porque entienden que sus familias, capaz que más proporcionalmente que otras, están fuertemente atravesadas por el patriarcado, por ser familias de militares, de policías, donde esto está totalmente naturalizado. “Nosotras salimos a discutir, a desobedecer esos mandatos. Desde acá nos paramos y desde acá también hablamos. Fue una decisión política y adrede”.

Después de esto, marcharon por la desaparición forzada de Santiago Maldonado, también por su pedido de justicia; viajaron a Mar del Plata cuando le otorgan la prisión domiciliaria a Etchecolatz. Llegó el 24 de marzo de este año que fue, en palabras de Analía, muy emotivo, porque al colectivo también se empezaron a acercar nietxs, uno de ellos Nico, quien estaba con su compañera embarazada. “Entonces estábamos hijxs, nietxs, y hasta un bisnietx de genocidas, marchando por memoria, verdad y justicia”.

¿Qué panorama ves, en el contexto social actual, en relación a las políticas represivas planteadas por el gobierno de Cambiemos?

Mencionó el caso de Santiago Maldonado, lxs pibxs acribillados por la espalda, los mensajes del gobierno en relación a la aplicación de más “mano dura”, como consecuencia de una serie de políticas. Resaltó la importancia de que, como sociedad, salgamos a demostrar que no estamos dispuestos a tolerar algunas cuestiones. “Es salir todos los días a cuidar este espacio, y que no nos lo achiquen, que podamos seguir avanzando”, valoró. Asimismo, refirió que aún faltan muchos juicios, la complicidad civil, “falta cuidar que no sigan mandando a los genocidas a las casas con estas amnistías encubiertas que son las prisiones domiciliarias”.

Para finalizar, afirmó que el gobierno tiene claras intenciones, que no está logrando implementarlas en su totalidad porque la sociedad no lo está permitiendo. “Por eso es tan importante, y ahí es donde está bien visibilizado el poder que como sociedad nosotrxs podemos tener, de reclamar lo que no consideramos justo”.

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