Dragones

*Por Mauro Guzmán

La semana pasada apareció un dragón en Villa Relámpago. En ese lugar la gente siempre está ocupada y no lo notaron. El dragón voló kilómetros y atravesó océanos y rechazó papeles en videos juegos por llegar hasta un lugar llamado así: Villa Relámpago. El nombre es tan bonito, se decía, que cuando llegue podré asustar dulces niños de tres años, o aparecerme en la sesión de fotos de una quinceañera, o en el espejo de un viejito que se afeita en un geriátrico. Pensaba esas cosas el dragón y se le hacía fuego la boca. Además, decía, será tan lindo meter mi naricita con humo entre medio de dos adolescentes que se dan besitos. Realmente estaba entusiasmado con los llantos y las corridas que produciría, pero ni bien puso un ala en el lugar notó que algo pasaba. Dejó su equipaje en el edificio alto y salió, orgulloso, a espantar nenes y quemar flores. Pero, cosa rara, pasaba junto a los niños y nada. Probó batiendo alas con ruido y nada. Rugió como le enseñaba su papá y nada. Esto no va a quedar así, se dijo, y voló a la tienda de artículos para dragones fracasados más cercana. Y al entrar abrió los ojos enormes: el sitio estaba lleno de dragones que cargaban bolsas y bolsas. Definitivamente algo estaba pasando. Entre los clientes reconoció al dragón presidente de La Junta de Dragones Amadores del Susto (LAJUDRAGAS) y fue a averiguar: los habitantes de Villa Relámpago no perciben dragones, salvo dos o tres personas entrenadas, que se encargan de atender el negocio. Cómo puede ser, el mundo está cada vez peor, pensó. Y el presidente le dijo que todo era culpa del cuerpo de Bomberos Voluntarios del lugar: cansados de los incendios que promovían los dragones, llamaron a un gurú de la India para que les enseñe a no ver dragones. El gurú les habló de Jesús y de Buda y les explicó que el mundo sólo existe en tanto creamos en él. Si no creés en dragones no existen dragones, decía el maestro. Desde ese día, el dragón de este cuento anda desnudo por Villa Relámpago y se dedica a emocionarse cada vez que ve un niño. A veces canta, pero sólo lo oyen los empleados del negocio de artículos para dragones fracasados.

La imagen que ilustra este cuento fue extraída de internet, se titula “Drago”, la autoría es de Xul solar (1947).

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