Unidad de los trabajadores

¿Por qué se conmemora el día del trabajador?

En el año 1886 y luego de una sucesión de reclamos y manifestaciones, un grupo de trabajadores de Chicago se manifestaron en contra de los abusos que sufrían en relación a sus derechos laborales. Una de las principales consignas fue el establecimiento de la jornada laboral de 8 horas diarias. Normalmente trabajaban entre 12 y 16 horas cada día.

Esta manifestación, implicó a trabajadores de distintas fábricas. A pesar de la existencia de leyes (como la Ingersoll) que establecían la jornada laboral diaria de 8 horas, los “empleadores” y las empresas disponían el tiempo de trabajo según sus intereses.

El 1° de mayo, la manifestación culminó en un fuerte enfrentamiento entre los trabajadores y la policía. Unos días después se convocó a una concentración en Haymarket y tras una explosión, murieron varios policías. Por esto, acusaron arbitrariamente a 31 trabajadores y condenaron a cinco de ellos a muerte. Tres de ellos eran periodistas, uno carpintero y el otro tipógrafo.

Nunca se descubrió quién había sido el verdadero responsable. La prensa y sus periódicos no escatimaban en adjudicar culpas en los trabajadores.

Para conmemorar la lucha por los derechos laborales, por la igualdad y la libertad que llevaban como bandera aquellos trabajadores, cada 1° de mayo “festejamos” el día del trabajador.

¿Por qué deberíamos “festejar” hoy, el día del trabajador?

Es una pregunta que da giros y giros en nuestras cabezas. ¿No les parece paradójico que miles y miles hoy “festejen” sus días, quejándose desde sus sillones por los “paros” de algún grupo de trabajadores? ¿Acaso no es una contradicción, sentir “afecto” por la lucha de los trabajadores de Chicago y encargarse de defenestrar a quienes hoy reclaman por esos mismos derechos? A veces, parece que nada tiene que ver con nada. ¿O quizás nada tenga que ver con nada, cuando no nos conviene? O quizás y definitivamente, todo tenga que ver con todo.

Hoy, que vivimos en un contexto en el que sólo parecen importar los intereses económicos de algunos. En el que esos “algunos” creen tener la capacidad para imponer las reglas de juego a su antojo (¡Ay! Encontramos otra cosa en común con lo anterior). Hoy, que los medios de comunicación se encargan de armar un circo para demonizar a los docentes. Hoy que los medios de comunicación se encargan de criticar a todo trabajador que se manifieste por sus derechos (ya no es necesario seguir buscando coincidencias, ¿verdad?)  Hoy que los tildan por “desestabilizar el orden social”, cuando los medios son cómplices por silenciar, por ocultar y deslegitimar. Hoy, que pocos se cuestionan esto y siguen afirmando y replicando desde su TV.

Hoy que al gobierno de turno y a las grandes empresas no les importan ni un poco nuestros derechos. Hoy que se suceden movilizaciones, manifestaciones, paros laborales, clases públicas, jornadas de debate, intervenciones artísticas. Hoy que ya inventamos todas las formas para gritar con todas las ganas que el empoderamiento es popular y que los derechos nos pertenecen. Hoy que seguimos pensando en cómo lo gritaremos mañana.

Hoy, reivindicamos y por siempre, la lucha de los trabajadores. De todos aquellos que nunca se van a callar, aunque sean muchos los que los quieran silenciar. Reivindicamos las luchas comunitarias. Hoy, creemos que es preciso transformar el concepto de salario como variable de ajuste, al de ingreso; esto será lo que impulse el consumo para una vida digna. Que la inclusión sea política de Estado, permitiendo que todos los sectores y los trabajadores, entendidos como actores para la transformación, aporten a un proyecto de país soberano, política, social y económicamente. Y creemos que esto se constituye como el rol de los trabajadores de hoy (y de siempre).

Arriba los que andan en la búsqueda, los que hace poco o mucho perdieron sus trabajos, los que sienten que este sistema no los comprende ni un poco, los que padecen a sus “patrones” pero entienden esto como el motor para la lucha colectiva. Colectiva. Hoy y siempre, siempre, arriba los que luchan por condiciones más humanas para sus trabajos, cualquiera sea la actividad que realizan. Arriba los trabajadores que creen en el bien común, en el “nosotros”, arriba los que se organizan y creen en la unidad.

Adolf Fischer, trabajador gráfico, uno de los cinco de Chicago dijo: “Solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponen porque no he cometido crimen alguno… pero si he de ser ahorcado por profesar mis ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo inconveniente. Lo digo bien alto: dispongan de mi vida”.

Y AL QUE NO LE GUSTA, SE JODE, SE JODE.

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